LUIS ZÚÑIGA: Raúl Castro listo para un reajuste económico
Contrario al criterio (y esperanzas) de los cubanos y los que en el exterior apostaron por una apertura en Cuba, el régimen de Raúl Castro tiene ya listos los mecanismos para un apretón a fondo en la “disciplina fiscal” de la isla.
En la última reunión de la Asamblea Nacional se decidió la aplicación de la Ley 113 del Sistema Tributario que señala los impuestos que comenzarán a cobrarse este año, entre ellos: impuestos sobre los ingresos personales; impuestos sobre las utilidades (comenzando en un 35% y subiendo a 50% para ingresos de $2,000 al año); impuesto de 10% a las ventas y los servicios; impuesto especial (aparte del anterior) a ciertos productos y servicios, así como a la producción de cervezas y bebidas alcohólicas; impuesto a los servicios por la transportación interprovincial de pasajeros mediante ómnibus y medios navales; una tasa especial por servicios de aeropuertos a pasajeros (sumándola al costo del boleto). Se pospone para el año siguiente la aplicación de otros impuestos como el impuesto a la vivienda y solares yermos y el correspondiente a la propiedad y posesión de tierras agrícolas.
Por otra parte, se fijó en 14% del salario la contribución obligatoria a la Seguridad Social. Los empleados de corporaciones extranjeras y empresas mixtas pagarán una contribución adicional del 5%. Además, se comenzará a cobrar peaje en ciertas carreteras.
Para asegurar una implementación severa de la nueva política impositiva, funcionarios cubanos de la Oficina de Administración Tributaria (ONAT) han recibido en España cursos e información sobre implementación y control del contribuyente. Se puso énfasis en identificar los embustes contables que se han usado en España para prevenirlos en Cuba.
Estas medidas buscan evitar el enriquecimiento personal y la procreación de una sociedad de consumo. En realidad, las reformas que se están implementando son reformas dentro del sistema totalitario y están centradas en mantener el control de la riqueza.
El fracaso macroeconómico de la isla está, precisamente, en que ajustó su modelo económico a la subvención soviética y cuando esa ayuda desapareció, inesperadamente, tenían su infraestructura destruida, atrasada tecnológicamente y la base agrícola abandonada. Ahí comenzó la dependencia absoluta de los créditos extranjeros para la subsistencia y sin recursos para renovar la infraestructura.
La aparición, casi divina, del chavismo ha sido una tabla de salvación económica para el régimen, pero a pesar de la subvención billonaria que le han “sacado” a Venezuela, los Castro han sido incapaces de renovar la infraestructura productiva, bien porque no les interesa, o porque están convencidos que la destrucción que existe es imposible de resolver sin una modificación radical del modelo político-económico.
Esta visión se refuerza cuando vemos que la Ley de Inversiones (revisada) no tiene incentivos ni garantías para los inversionistas extranjeros privados porque esos no interesan. En todo caso, las “carteras de inversión” están centradas en la producción para la exportación, no para el consumo interno. El “mercado” cubano de once millones de consumidores no está abierto para los inversionistas.
Lo que el régimen busca son las inversiones de Estado. Por ejemplo, le ofreció a China la industria del níquel, pero a los dirigentes chinos no le interesó. Luego la ofrecieron a Venezuela que ha sido “tibia” de embaucarse en una inversión ajena a su experiencia. La zona especial del Mariel se hizo con inversión gubernamental brasileña. También han buscado inversión del gobierno brasileño en la industria azucarera.
Otra evidencia de que los Castro no abrirán la economía al modelo de mercado es que, ante el peligro de perder la ayuda venezolana, se han ido a “reparar” su crédito internacional comenzando con la renegociación de su deuda externa. Si bien consiguieron condonación total de Sudáfrica, 90% de la rusa, 80% de Japón, 70% de México y 50% de China, su deuda sigue alta: $15,000 millones con el Club de París y $16,000 millones con los no miembros para un total de $26,000 millones. Ese paso parece “bueno”, pero el problema es que ahora sí tienen que empezar a pagar el servicio de esa deuda que, en muchos casos, es del 10% del principal, unos $2,600 al año. Si sumamos que el déficit de comercio (importan el 80% de los alimentos) anda por $4,000 millones al año y que el turismo deja pocas ganancias porque tiene que importar muchos insumos, su “estabilidad” depende de Venezuela y del ingreso por “remesas” y viajes de “cubanoamericanos”. Por lo tanto, un cambio de gobierno en Caracas seguido de un gobierno republicano en Washington puede ser desastroso para el régimen castrista.
Su estabilidad está muy lejos de ser segura y la continuidad del régimen está dependiendo de “factores” que pueden estar a punto de cambiar. Es posible que una “apertura” total sin Castros ya esté tocando las puertas de La Habana.
Director del Consejo para la Libertad de Cuba y expreso político.
Luiszuniga2011@hotmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de septiembre de 2015, 0:52 p. m. with the headline "LUIS ZÚÑIGA: Raúl Castro listo para un reajuste económico."