Opinión Sobre Cuba

La ausencia de Monseñor Meurice

Monseñor Pedro Meurice con el papa Juan Pablo II.
Monseñor Pedro Meurice con el papa Juan Pablo II. el Nuevo Herald

Se acerca la visita a Cuba de Su Santidad, el papa Francisco, y los preparativos han concitado la atención de la Iglesia y el Gobierno cubanos, en sus respectivos roles, para recibirlo.

La prensa en general se ha hecho eco de dicha visita, y bien merece un solemne y respetuoso escenario como corresponde al rango del Pontífice, además de ser Jefe del Estado Vaticano. Uno de sus actos eclesiales será oficiado en la Plaza de la Revolución y cerca del edificio donde una imagen del Che Guevara ha sido remozada.

Presumiblemente, corresponderá al Cardenal Ortega Alamino presentar al Santo Padre y con ello la oportunidad para hablarle al pueblo habanero que allí se concentre. También estarán presentes las autoridades oficiales encabezadas por Raúl Castro y otros funcionarios invitados al respecto.

La primera visita papal fue del 21 al 25 de enero de 1998 por Juan Pablo II, quien en su homilía dejó la lapidaria sentencia de que “Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades y que el mundo se abra a Cuba”. Así las cosas, cuando el Pontífice se trasladó a Santiago de Cuba, Mons. Pedro Claro Meurice Estiu (1932-2011), hizo la presentación del Santo Padre, como veremos después.

Previamente, habría que preguntarse si las condiciones políticas, sociales y económicas han cambiado desde la visita papal de 1998 hasta nuestros días. La respuesta es no. Para algunos, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba abre una grieta de esperanza para la modificación de tales condiciones, pero el régimen castrista ha reiterado, por su parte, que la línea revolucionaria, esto es, el socialismo, no será objeto de ningún cambio, de lo que se colige que el asomo positivista encuentra un valladar infranqueable para voltear la realidad cubana actual.

De suerte, que el Santo Padre se encontrará el mismo panorama que sufre el pueblo, puesto que en el marco del regreso de las relaciones diplomáticas de EEUU con el régimen castrista, ese cubano de a pie no ha sido parte, por lo que, obviamente, no se ha tenido en cuenta su representación en la oposición y disidencia interna con vistas al arreglo entre los antiguos enemigos.

Nos asiste la presunción de que si Mons. Meurice tuviera que darle la bienvenida al Papa Francisco en Santiago de Cuba, volvería a reiterar: “Santidad, este es un pueblo noble y es también un pueblo que sufre. Deseo presentar en esta Eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas…. Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas y la cultura con una ideología. Son cubanos que al rechazar todo de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí y sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran esta como una de las causas más profundas del exilio interno y externo…”

Cuenta un visitante a la ciudad de Santiago de Cuba que estando allí el mismo día que se anunciaron las próximas relaciones entre Cuba y EEUU, el pueblo santiaguero reaccionó con ruidosa alegría y, a la mañana siguiente, aparecieron banderas norteamericanas en balcones y autos privados destinados al turismo. Esto coincide con las palabras de bienvenida pronunciadas por Monseñor Meurice, mientras el pueblo santiaguero lo escuchaba, pues el cubano, ciertamente, es portador de nobles sentimientos y jamás ha tenido conflicto con otros pueblos del orbe y, mucho menos, con el norteamericano, que ha sido el refugio de nosotros. De ahí que el papa Francisco no necesite alentar reconciliación entre ambos pueblos, sino que la reconciliación está dentro de Cuba, comenzando por los que dirigen el régimen. Estos deben entender el respeto a los derechos humanos y dar señales evidentes de cambios que conduzcan a la nación hacia el estado de derecho, fuente de todas las posibilidades para el surgimiento de una Cuba democrática, soberana y próspera.

Recordamos la homilía del papa Juan Pablo II, en la misa celebrada en la Plaza de la Revolución, de Ciudad de La Habana, expresando: “La doctrina de José Martí sobre el amor entre todos los hombres tiene raíces hondamente evangélicas, superando así el falso conflicto entre la fe en Dios y el amor y servicio de la Patria” Y agrega el Santo Padre: “Escribe este prócer: Pura, desinteresada, perseguida, martirizada, poética y sencilla, la religión del Nazareno sedujo a todos los hombres honrados… Todo pueblo necesita ser religioso”.

Por su labor apostólica, por su amor a la Patria cubana, por su valor para expresar las verdades, recordamos a Mons. Pedro Meurice, que desde la alturas, en su merecida paz definitiva, observa como todavía su isla se encuentra en un mar de desesperanza.

Abogado cubano. Reside en Miami.

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