RAÚL RIVERO: Verbo travestido y ausencia de madera
Madrid – La experiencia humana, el curso diario de la vida, las rozaduras, los golpes, las sombras que pueden marcar la existencia de un ser humano bajo los sistemas totalitarios, suelen tener la fuerza de alterar, vaciar o darle un tinte contrario al significado de algunas palabras. Es el caso de la noción de los vocablos libertad y democracia, estrujados y sacrificados por la retórica de los discursos oficiales y por la servidumbre de los boletines, los espacios de radio y televisión que repiten con desenfado aquellas añagazas.
Hay otras muchas voces muertas o deformadas por el desparpajo de su utilización arbitraria a lo largo de más de cinco décadas. Tal carnicería verbal dibuja de inmediato otra de las características de esa forma de gobierno: la falta de credibilidad. Y es que con ese vocabulario enfermo o travestido se han diseñado todas promesas y los planes triunfalistas del régimen para un futuro luminoso que es este presente de indigencia y quiebra.
Los hombres y mujeres que han vivido y viven a día de hoy esa realidad, en la que es tan incierto el pan como la palabra, tienen derecho a sospechar de cualquier propuesta que los jefes dejen caer desde el lujo de sus nubes de nuevo rico para mantenerse en el poder y legitimar su monarquía de escaso guarapo.
A la oposición pacífica, las Damas de Blanco, los expresos políticos, al periodismo independiente y a los representantes de la sociedad civil que trabajan por alcanzar una sociedad plural y libre, nadie les puede obligar a que crean en las posibilidades de un entendimiento razonable y justo conseguido en una mesa de conversaciones con los soberbios y distantes personajes que ejercen el poder.
En buen español un diálogo es un encuentro entre dos o más individuos que exponen sus ideas o afectos de modo alternativo para intercambiar posturas y es, además, una discusión que surge con el propósito de llegar a un acuerdo.
Ninguno de los cubanos que hacen una oposición abierta y clara dentro de Cuba ha recibido una invitación de los gobernantes para ponerse a hablar de una solución coherente.
Hasta ahora, los contactos de los opositores se producen sólo con la policía, los represores y los carceleros. No hay diálogo. Es un monólogo donde predomina el lenguaje de la violencia, las golpizas, las amenazas y el acoso con la banda sonora de los llaveros de los calabozos.
Si se ha conseguido que el gobierno trate de disimular a duras penas la intensidad de su labor represiva se debe al fracaso del socialismo y la necesidad de dinero ajeno para sobrevivir. Y a la tenacidad de los hombres y mujeres que le han hecho frente durante años y han pagado ese gesto con largas condenas, ostracismo o destierro.
El diálogo puede ser una forma civilizada de encarar los problemas de Cuba y merecen, cómo no, respeto quienes se inclinen por esa perspectiva. El problema es que la dictadura no encuentra madera para fabricar su taburete.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2014, 7:00 a. m. with the headline "RAÚL RIVERO: Verbo travestido y ausencia de madera."