ALEJANDRO RÍOS: El paquete
Cuando Armando (Bomba “H”) Hart fue defenestrado como ministro de cultura porque ya había excedido el margen de menoscabo deparado a los asuntos de su cartera —según el dogma castrista—, le inventaron una oficina martiana donde muy poco ha podido agregar a los estudios sobre el Apóstol.
Uno se pregunta, cuál es el contubernio de quien fuera otro ministro de cultura, el escritor Abel Prieto, para haber caído del mismo pedestal y agenciarse la más maliciosa de las profesiones, “asesor” del dictador Raúl Castro.
Prieto mantiene una suerte de presencia rebelde con una melena decadente, fuera de moda, que se divide en moña y greñas, más cercana al look “white trash” que a la hippie, y anda con una bolsa de nylon donde almacena pequeños recipientes de pomada china que se unta sobre la sien como para mitigar una permanente migraña.
La juntera con la nomenclatura lo ha transfigurado en un “apaga fuegos” del ámbito cultural. Es el aguafiestas de las posibilidades de apertura que ofrecen las nuevas tecnologías y el afán transformador de la juventud, aunque disfrazado de alma conciliadora y liberal.
Pero no se llamen a engaño, nunca se le escuchará decir que los cineastas Ernesto Daranas y Arturo Sotto, recientemente, protagonizaron en el Teatro Tower del Miami Dade College, en plena Pequeña Habana, al lado de los exiliados veteranos que juegan en el Parque del Dominó, presentaciones de sus respectivos nuevos filmes a salas llenas y con públicos respetuosos, mayormente cubanos, haciendo preguntas de toda índole.
En la nación donde la chusmería y la vulgaridad de un acto de repudio dan al traste con la idea peregrina del “país más culto del mundo”, a Abel Prieto le tiene sin cuidado que el notable pintor Pedro Pablo Oliva haya tenido que inaugurar la muestra de su obra más reciente en su propia casa, mientras que a otro artista, Arles del Río, quien exhibiera sus instalaciones recientemente en Times Square, se le reconstruye, como estudio, una edificación de El Vedado, que ya había sido solicitada y rechazada como vivienda para personas necesitadas. Gracias a reportes de la vilipendiada prensa independiente, se ha sabido que la suerte del joven talento se debe, en buena medida, al noviazgo que sostiene con una nieta de Raúl Castro.
En reciente intervención pública, Prieto, también miembro del buró político del comité central del partido comunista de Cuba, expresó, sin mucho miramiento, que “ojalá se pusieran de moda el conocimiento y la información cultural”, a propósito del temor que provocan entre los jerarcas los materiales audiovisuales, de diversos géneros, conjugados en los llamados “paquetes” que cada semana circulan en redes alternativas entre la desesperada población cubana, harta del propio asesor, su política cultural y catilinarias militantes.
A diferencia de otras maneras de la piratería conocidas, ésta solo existe en la isla porque se trata de memorias o discos digitales, primorosamente curados, alquilados o vendidos, que contienen famosas series de televisión, filmes norteamericanos y de muchos otros lugares del mundo, reality shows, programas de competencia, revistas y libros, entre otros atractivos, que desmantelan, en buena medida, la prohibición que el régimen de Abel Prieto mantiene sobre sus nacionales para acceder individualmente a cualquiera de esos productos.
Y en ese afán represor que los caracteriza, al personaje de marras no se la ocurrido otra cosa que proponer la creación de “paquetes” controlados por el estado, una vez más.
Causa pavor la “Asociación de Paquetes Revolucionarios”, con discursos de los Castros, los noticieros y la mesa redonda en serie, añejas películas del ICAIC y algún que otro reguetón para amortiguar el golpe.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: El paquete."