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Opinión Sobre Cuba

ARIEL HIDALGO: La contienda eclipsada

Siendo en los años 70 en Cuba profesor de Historia en las llamadas Facultades Obreras Campesinas, comencé a percatarme de que las diferentes contradicciones sociales, consideradas por la filosofía oficial como fuentes del desarrollo histórico, interactuaban entre sí para generar una especie de contradicción de contradicciones. El conflicto entre separatistas y partidarios de la colonia en la Cuba de principios de siglo XIX, por ejemplo, se vio afectada por la oposición entre esclavistas y abolicionistas, porque los separatistas más influyentes, todos ellos hacendados, temieron que una guerra contra la colonia pudiese derivar en una rebelión de esclavos como la producida en el vecino Haití. De ahí que Cuba estuviera ausente en la gran gesta independentista de 1810 en Hispanoamérica. Cuba sería para los españoles, “la siempre fiel isla de Cuba’’, y Martí, en un discurso memorable en Caracas, en 1881, lo recordó: “Se sabe que al poema de 1810 falta una estrofa’’.

Esta interacción la veía yo en todos los procesos de la historia humana. Revoluciones burguesas como las de Inglaterra y Francia no se produjeron en España porque el gran saqueo de oro y plata de su gran imperio colonial, le permitió comprar las manufacturas que necesitaba de esas otras metrópolis europeas, por lo cual no tuvo desarollo de industrias manufactureras y en consecuencia tampoco una clase burguesa poderosa. Por otra parte, los violentos conflictos sociales entre obreros y capitalistas ingleses del siglo XIX no desembocaron en una explosión social como muchos esperaban gracias a la explotación de las colonias. El destacado político Cecil Rhodes lo diría muy claramente: “Para salvar a los cuarenta millones de habitantes del Reino Unido de una guerra civil funesta ... debéis convertiros en imperialistas’’. Lo que hicieron las metrópolis fue exportar hacia las colonias los conflictos internos, una especie de “catarsis histórica’’, por lo que en lugar de “revoluciones proletarias’’ en Europa y Norteamérica, lo que se produjeron fueron guerras de liberación nacional en el tercer mundo.

Volviendo a Cuba, esta teoría no pude exponerla en las publicaciones habaneras por las conclusiones a que llevaba. El conflicto externo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos eclipsaba —y aún eclipsa—, el conflicto fundamental interno entre el poder y los sin poder —la disidencia, los grupos socialistas contestatarios y los intelectuales críticos de la sociedad civil—, y ha evitado que este conflicto medular se resuelva, mientras que en Europa del Este, al ser el conflicto externo históricamente con Rusia, la alianza de ésta con los gobiernos de esos países ayudó a resolver el conflicto interno. En Cuba, por el contrario, el gobierno cubano acusa a los opositores de “asalariados del Imperio;; y la represión contra ellos es aceptada como algo natural por gran parte de la comunidad internacional. Año tras año Estados Unidos recibe olímpicas palizas en la ONU por la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo debido a su política de embargo a Cuba, porque para ellos la desesperante penuria de la población cubana no es producto de la impúdica indolencia de un mal gobierno sino del “criminal bloqueo imperialista’’. Muchos intelectuales dentro de Cuba no se atreven a criticar la política oficial por miedo a ser acusados de “traidores a la patria’’ y muchos militares y militantes se mantienen cohesionados en defensa del régimen a pesar de reconocer la existencia de graves problemas internos, porque “la patria está primero’’.

Una vez más las contradicciones interna y externa interactúan para generar, en el caso cubano, un estado de parálisis que ayuda a perpetuar el status quo. Si en el pasado no se pudo emprender una lucha contra el colonialismo español con verdaderas posibilidades de éxito hasta que los esclavos no fueron liberados, hoy, a diferencia de aquel entonces en que sólo el fin de la contradicción interna posibilitó la solución de la externa, es al revés. La interna no podrá solucionarse hasta que no se resuelva la externa. No habrá a los ojos del mundo ni de una parte de la población, verdadero heroísmo, ni gloria, ni razones válidas en los que reclaman derechos en las calles a pecho descubierto, porque en un clima de “plaza sitiada’’... no hay cabida para las disensiones.

Infoburo@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: La contienda eclipsada."

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