UVA DE ARAGÓN: El mensaje del Papa Francisco en Cuba
En 1998 Juan Pablo II quiso derribar los muros que separaban a la Iglesia Católica del pueblo cubano. Ahora el Papa Francisco ha ido a la Isla a construir puentes para el encuentro y la reconciliación. No solo ha mediado para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Envió un mensaje “a todos los cubanos dispersos por el mundo”. Nos convocó a ayudarnos mutuamente.
Al igual que la Iglesia en estas dos décadas, el Papa marcha por un sendero que combina la diplomacia con la crítica, la intención política y la labor pastoral, lo que se ve y lo que no se ve. Principalmente, los Sumos Pontífices y sus representantes han intentado no sólo acompañar al pueblo cubano en momentos de transición, sino prepararlos para que no tengan miedo, y que se apoyen los unos en los otros, a fin de que sepan escoger en el futuro a aquellos líderes que no sirven “a ideas, sino (…) a las personas”.
En todos los recorridos del Papa Francisco por las calles de La Habana, cientos de cubanos lo han recibido con entusiasmo. Hubo, como era de esperar, incidentes desagradables. Pero un disidente logró acercársele. El Papa le puso la mano sobre la cabeza y lo bendijo antes de que la policía se lo llevara detenido. No dudo que a muchos otros opositores se les impidió llegar a la misa. Por ahora ignoramos si en privado el Papa ha intercedido a favor de ellos ante las autoridades.
En su homilía del domingo, el Papa hizo énfasis en que “quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no se sirva de los demás”. Defendió especialmente a los más frágiles. Señaló la diferencia entre servir y servilismo. Criticó la cultura de las elites, y defendió la lógica del amor. Se refirió en especial al proceso de reconciliación de los colombianos, un mensaje igualmente válido para los cubanos.
El Sumo Pontífice pidió a todos que meditaran. Y en esa Plaza habanera –donde por años se han escuchado largos discursos, consignas, llamados a la guerra, adhesiones ciegas a ideologías y líderes– hubo por unos segundos un silencio total. Tal vez algunos sintieran la presencia del Espíritu Santo. O se trataba quizás de la quietud interna que necesitamos los cubanos para mirar hacia dentro, para luego, como sucedió en la misa, encontrarnos cara a cara y abrazarnos fraternalmente en la paz del Señor.
Posiblemente uno de las actividades más trascendentales de la visita del Papa hasta el momento haya sido su encuentro con los jóvenes cubanos en el Centro Félix Varela. Allí, frente a la fachada del histórico Seminario San Carlos, el joven universitario católico Leonardo Fernández Otaño le habló al Santo Padre de la pluralidad de creencias de los jóvenes, que se sentían unidos sin embargo en “la esperanza de un futuro de cambios profundos para Cuba, donde nuestra país sea un hogar que acoja a todos sus hijos, piensen como piensen y estén donde estén”. El Papa Francisco, inspirado en las palabras del muchacho, pidió a los jóvenes, entre otras cosas, que se atrevieran a soñar. Aquella multitud de chicos y chicas coreaban alegres:
“Un, dos, tres, que Papa más chévere, el que nos vino a ver”.
Quizás la presencia del Papa le dio fuerzas al joven para decir lo que sentía, y quizás las del Papa devuelvan a la juventud cubana la capacidad de soñar; es decir, de imaginar y construir un futuro mejor. Me parece razón suficiente para sentirnos bendecidos.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2015, 0:25 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: El mensaje del Papa Francisco en Cuba."