ALEJANDRO RÍOS: Divino guión
La ilusión cubana sigue siendo importada. Llegan figurones de la historia a estrictos escenarios protocolarios y ocurren los hechos más inverosímiles. El papa Francisco confiesa que no se encontró con la disidencia cubana porque no sostuvo reuniones privadas de ninguna índole. Tal vez piensa que Fidel Castro sigue siendo el Comandante en Jefe, como lo llama el vocero del Vaticano, y no el vejete impertinente que socavó a la Iglesia Católica con alevosía en sus años de gloria.
Los Papas tradicionalmente se expresan en circunloquios. Suelen ostentar una tropología discursiva ambigua, capaz de hacer creer a los victimarios que hacen lo correcto con sus víctimas. Casi todas las frases del papa Francisco han sido utilizadas por la prensa castrista sin necesidad de cambiar ni una coma. De hecho, han elogiado su oportuno uso del término “bloqueo”, en vez de embargo.
El Pontífice ha deslizado consignas en sus misas que los cubanos suelen confundir con aquellas que llevan más de medio siglo atormentándolos. “Si no eres esto, no puedes ser aquello”. “De ti esperamos entrega, humildad y resistencia”. Todo condicionado a parámetros inamovibles, como si fuera otro mandamás que arriba para coartar el añorado libre albedrío.
Durante una de sus paradas en la isla ciertos pioneros camuflados le dispensan cánticos religiosos, aprendidos con premura, donde no hay escuelas católicas, y el Papa les dice que recen por él. Olvida que el único rezo que les ha estado permitido desde que vinieron al mundo –probablemente sin bautizar– es: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.
Un valiente opositor esquiva los anillos de seguridad y confronta al prelado en su papamóvil. Como se trata de una conversación improvisada, los segurosos grandes y rudos no saben cómo reaccionar y lo dejan expresarse. El Papa pierde una hermosa oportunidad de defender a un desvalido y lo bendice, arrobado, tocándole la cabeza y el rostro para terminar la encendida perorata y continuar su caravana. Cuando el vehículo se aleja, toman al disidente por el gaznate y el Papa no mira hacia atrás, como para no volverse sal.
El portavoz del Vaticano se incomoda cuando la prensa le pregunta sobre ese siniestro mundo paralelo de empellones y amenazas que ellos han preferido ignorar y el propio Papa reconoce desconocer hechos represivos cuando habla a la prensa que lo acompaña en el avión.
Durante su visita a Bolivia, el presidente Evo Morales le hace una mala jugada –muy publicitada por cierto–, al obsequiarle un adefesio de cruz imbricada al símbolo comunista de la hoz y el martillo como para recordarle que “la religión es el opio de los pueblos”, al decir de Carlos Marx.
El dictador Raúl Castro no se queda atrás y le encarga un enorme Cristo crucificado a Kcho, el artista de la corte partidista y atea, con similar guiño malévolo, porque la cruz la componen remos amarrados.
Claro que en sus profundas meditaciones y metáforas el Papa entenderá el símbolo como el de los refugiados que cruzan el Mediterráneo, minimizando la gran tragedia del Estrecho de la Florida. Poca prensa ha recibido el Cristo balsero. Nadie pudo decirle al oído que otro artista, menos afortunado, lleva nueve meses en las mazmorras del régimen sin juicio ni expectativa de libertad.
El arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, le habla al Papa del desmoronamiento de la familia cubana, envejecida por la escasa procreación y las jóvenes generaciones en fuga, pero su intrepidez no encuentra eco en un Pontífice imperturbable pensando, tal vez, en las incertidumbres democráticas que le aguardan en los Estados Unidos, luego de la comodidad totalitaria.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2015, 0:53 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Divino guión."