MIGUEL COSSÍO: Alan Gross vivo o muerto: cuenta regresiva
El portazo de la Casa Blanca esta semana a The New York Times sobre el caso Alan Gross dejó algunas preguntas flotando: ¿murió o morirá vía eutanasia asistida la más reciente campaña orquestada en suelo estadounidense, a favor del levantamiento del embargo y el restablecimiento de relaciones con Cuba, al menos en lo que resta del mandato de Barack Obama? A bote pronto la respuesta parecería sí.
La arrolladora victoria electoral republicana atará de manos al presidente de Estados Unidos a partir de enero, en temas cruciales para la nación, uno de ellos el de la política exterior. ¿Beneficia o perjudica a Raúl Castro este giro electoral con la nueva conformación de un nuevo Congreso?
Obama llegó a la Casa Blanca en el 2009 con una agenda aperturista en lo que a Cuba toca, influido por la convicción de políticos y poderosos empresarios, algunos de Miami, de que las cosas con La Habana debían cambiar unilateralmente, sin importar el inmovilismo tradicional de los hermanos Castro.
Obama reanudó el envío casi ilimitado de remesas y los viajes de los cubanoamericanos a la isla, flexibilizó políticas comerciales y reavivó un conjunto de medidas, entre ellas, el llamado “contacto pueblo a pueblo” y el servicio del correo directo, todas encaminadas, según su criterio, a mejorar la relación bilateral. Si no avanzó más no fue porque no quiso, sino porque se lo impidieron los Castro con el caso Gross, así como innumerables circunstancias de política doméstica e internacional y la presión del bloque de legisladores cubanoamericanos en ambas Cámaras del Congreso. Es innegable que el visto bueno a la autorización de los ferry y los viajes de los estadounidenses a Cuba, más el capítulo de las telecomunicaciones, rondó alguna vez por la Oficina Oval.
Pero pronto Cuba deshojó la agenda obamista. Alan Gross se convirtió en la pieza de tranque para trabar un mayor acercamiento entre los dos gobiernos. Las constantes campañas del régimen de La Habana por la liberación de los espías de la Red Avispa, incluida la oferta a Washington de canjear a los tres agentes cubanos, aún presos aquí, por Alan Gross, han sido y son puras pantallas chinas.
La realidad es que Raúl Castro no estaba listo, no lo está hoy, ni tampoco desea, sentarse a negociar nada de fondo con Estados Unidos. No mientras respire su hermano Fidel. No mientras no logre “atar y atar bien”, como diría Franco, la sucesión dinástica con que sueña.
Harina de otro costal son los editoriales de The New York Times, tras los que, supongo, se da una coincidencia de reinterpretaciones históricas de sectores políticos y poderosos intereses económicos respecto a lo que debería ser una nueva relación con Cuba, llámense estos Carlos Slim, Alfy Fanjul u otro empresario cualquiera. ¿Son viables, realistas, ad hoc las propuestas del Times? ¿O son un solitario disparo al vacío?
El próximo 3 de diciembre Alan Gross cumplirá cinco años de prisión, la tercera parte de la condena impuesta por el régimen cubano, que en un acto de “buena fe” pudiera reabrir el caso y eventualmente liberarlo.
En mayo pasado, cuando cumplió 65 años, Gross dijo que sería su último aniversario en Cuba y que regresaría a su país vivo o muerto. En estos meses, Alan inició y suspendió una huelga de hambre. Vio y sintió deteriorarse sostenidamente su salud en carne y neuronas propias.
Tal vez sea momento para que Raúl Castro medite frente al televisor lo que significa el atroz espectáculo de manipulación y propaganda que practica el Estado Islámico con los rehenes occidentales. El general no querrá sellar su imagen dejando morir a Gross lentamente, a diferencia de aquellos que son decapitados. El portazo de la Casa Blanca a The New York Times disparó la cuenta regresiva. Tic tac.
Director de Noticias de SBS.
Twitter: @cossiom
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "MIGUEL COSSÍO: Alan Gross vivo o muerto: cuenta regresiva."