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Opinión Sobre Cuba

JOSÉ MANUEL PALLÍ: Miami a contramano del mundo

Francisco es el tercer Papa que visita Cuba. Y es el tercero que deja insatisfecho a un alto porcentaje de la población de mi pueblo mayamero por no hacer aquello que, desde los medios hasta los políticos locales, pasando por las variopintas “organizaciones” e institutos “especializados”, autodesignados travel agents del Papa, le exigen que haga para “justificar” su visita a la isla.

Y nuestro afán por controlar las idas y venidas de quienes visitan Cuba no se limita a los Papas: pretendemos condicionar la visita a la isla de todo jefe de estado o de gobierno, de los cancilleres de diversas naciones, de los secretarios generales de los más importantes organismos internacionales (que “no sirven para nada”, a menos que hagan aquello que nosotros, en nuestra infinita sapiencia, entendemos que deben hacer).

Frustrados una y otra vez, volvemos a la carga. Ni Beyoncé se salva.

Las multitudes que aclaman al papa Francisco, no ya en otras naciones que algunos de nuestros vecinos miran con desprecio, sino en la cuna misma del ideario que da sentido, desde su nacimiento, a esta gran nación en la que muchos cubanos llevan ya más de medio siglo de éxodo, no nos hacen mella.

Y nuestro infantilismo no se queda en la pretensión de manejar agendas ajenas. Nos aislamos cada vez más de la realidad –nos alienamos– al alinearnos dócilmente tras argumentos y estrategias que nuestros no menos infantiles “expertos” nos venden como la llave de nuestra también absurda pretensión de generar un cataclismo en la isla que es el único cambio que muchos desean. Una actitud que, lejos de distinguirnos de la iniquidad que vemos en nuestro némesis, nos acerca a ella.

Es tan absurdo alterar una Constitución para declarar inmutable e irreversible un “modelo” político y socioeconómico determinado, como alterarla para modificar, en un caso aislado (y vinculado a los intereses de un sector exiguo de la sociedad, intereses que poco y nada tienen que ver con los de la Nación) las facultades que esa Constitución le otorga al Poder Ejecutivo en materia de relaciones exteriores, poniendo condiciones inmutables e irreversibles que nunca se cumplirán. Como dice un colega amigo, “hasta que Cuba no nos demuestre que se ha convertido en Suiza no podemos ni sentarnos a conversar...”

Mantener hoy esa tesitura, contra viento y marea (contra todo el mundo, como se demostrará nuevamente en la Asamblea General de la ONU en pocos días, donde hasta es posible que EEUU desautorice su propia estrategia de más de medio siglo) es algo que solamente en Miami puede haber quienes lo entiendan y justifiquen.

Y ese es nuestro más grave problema: nadie nos entiende. Pero no nos importa, porque nosotros si nos entendemos (sobre todo frente al espejo ante el cual vertimos nuestra indignación y nuestra ira pletórica en epítetos y descalificaciones), tenemos la razón y jamás perdonaremos a quienes tienen la osadía de no complacernos. “We know better”.

¿Habrá cura para esto? La prédica de Francisco debiera sonarnos como un despertador, el despertador del cambio de actitud.

Y nadie necesita más el sonido atronador de un despertador que quienes no consiguen deshacerse de su dolor, de sus odios, de sus rencores, y no encuentran la manera de liberar su actitud de las condiciones y los lineamientos a los que la someten esos odios y rencores.

Las actitudes mezquinas no son patrimonio exclusivo de los tiranos. En la medida en que Miami, “la segunda ciudad de Cuba” deje de estar a contramano del mundo y de la realidad y logre cambiar su actitud frente al pasado, mejor será el futuro del cubanito nacido esta mañana en cualquier punto de la isla.

Abogado cubanoamericano.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2015 a las 0:58 p. m. con el titular "JOSÉ MANUEL PALLÍ: Miami a contramano del mundo."

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