DORA AMADOR: La transición hacia la democracia
Qué semana tan llena de encuentros y diálogos decisivos para el futuro de los cubanos. El principal fue el que se llevó a cabo en La Habana entre la secretaria de Comercio de Estados Unidos, Penny Pritzker, y su homólogo cubano, Rodrigo Malmierca, para “analizar el alcance y las limitaciones de la flexibilización” del embargo.
He leído con mucho interés lo que se dijo en las numerosas reuniones que hubo en solo dos días –lunes y martes–, entre ella junto a la delegación que la acompañó, integrada por funcionarios estadounidenses de los Departamentos del Tesoro, Comercio y Estado, además de varios representantes de empresas y ministerios cubanos. Presentes estuvieron ante Pritzker y sus acompañantes, además de Malmierca, ministro del Comercio Exterior e Inversión Extranjera, el canciller Bruno Rodríguez y el vicepresidente, Ricardo Cabrisas. Como vemos toda una delegación con formalismo de ambas partes y cada una con una agenda muy bien trillada para la primera y sin duda trascendente reunión.
Después de la magistral jugada que dio el presidente Obama en septiembre, de eliminar el tope de las remesas familiares, autorizar las inversiones conjuntas de norteamericanos con empresas estatales cubanas y los viajes turísticos de barcos y aviones a la isla, que sorprendió al gobierno cubano, de inmediato pensé cuando escuché el autoritario discurso de Raúl Castro ante las Naciones Unidas la semana pasada, que como tantas otras veces estaba poniéndole fin al levantamiento del embargo –muy temido y deseado a la vez– exigiendo cosas que el general sabía no se cumplirían: devolución de la Base Naval de Guantánamo y el pago por daños sufridos por el “pueblo cubano a causa del criminal bloqueo económico financiero y comercial”. La suma que espera se le pague es de $833,755 millones. Sume a eso la condición primaria que puso Castro: que la normalización de las relaciones entre ambos países están sujetas al levantamiento total del embargo.
En las oficinas de el Nuevo Herald y the Miami Herald se llevó a cabo un panel sobre el futuro de las inversiones empresariales y el turismo en Cuba; y en el Senado el demócrata Bob Menéndez dio un disparatado discurso el miércoles sobre la errada política de apertura y acercamiento a Cuba del presidente Obama.
Veo como un triunfo enorme la visita de la secretaria de Comercio a Cuba. Si Raúl Castro fue exigente en su discurso ante la ONU, creo que Pritzker dejó muy claro lo que quiere Estados Unidos en esta nueva y fructífera política exterior hacia Cuba. En todos los encuentros con los altos funcionarios castristas puso sus cartas limpias sobre la mesa:
“Queremos ayudar a todos los cubanos a insertarse en la economía mundial y a disfrutar de un mejor nivel de vida, pero también dar al pueblo de Estados Unidos la oportunidad de aprender sobre Cuba y de desarrollar relaciones con las personas de una isla que está a solo 90 millas de las costas” estadounidenses, dijo Pritzker en su segunda jornada en la isla.
“Podemos construir una relación más abierta entre nuestras dos naciones”.
Pritzker dijo que el gobierno de la isla debe “dar ciertos pasos” para “actualizar su sistema regulatorio y reformar la economía en formas que permitan el continuo desarrollo de un sector privado cubano”. Insto al gobernante cubano Raúl Castro a permitir “que los cubanos puedan realizar intercambios comerciales y viajar con más libertad, disfrutar del fruto de su trabajo, acceder a internet y ser contratados directamente por compañías extranjeras”.
Más clara no pudo ser: se trata de empoderar, liberar, dignificar a los futuros empresarios y empleados cubanos –observen que la Directora del Comercio pide contratar a los trabajadores cubanos directamente por compañías extranjeras, se niega a que siga la esclavitud del pueblo cubano en manos del régimen abusador que les paga una miseria de salario mientras se queda con la mayoría del sueldo de cada cubano que trabaja con empresas extranjeras– para así ir logrando la transición a la democracia, con un pueblo más poderoso, conocedor de las reformas económicas que le atañen y que exige Pritzker.
Hay tema para penar, evaluar y, si los Castro no dan marcha atrás aterrorizados, celebrar las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Lo dicho la semana pasada: es la transición pacífica hacia la democracia.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de octubre de 2015, 0:26 p. m. with the headline "DORA AMADOR: La transición hacia la democracia."