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Opinión Sobre Cuba

RAÚL RIVERO: Castigos heredados

Madrid – Yuri Fidelgolts, uno de los miles de poetas rusos que estuvieron presos en los campos de concentración del comunismo en Siberia, se quejó un día ante el jefe de los carceleros de las condiciones de vida que tenían los cautivos en su campamento: cuarenta grados de frío en invierno, mosquitos con ínfulas de helicópteros en el verano y un hambre general de cinco estrellas todo el año. El comisario, que hablaba a nombre del pueblo, le respondió de manera tajante que los prisioneros estaban allí para sufrir.

Ese discernimiento, esa noción del padecimiento permanente para el enemigo político, pasó a la herencia de los que un día se llamó el campo socialista, circunscrito ahora, de manera singular y con sus variantes, a Cuba, Viet Nam y China, por mucho que Nicolás Maduro trate de poner a Venezuela en esa nómina infame.

Los testimonios de varias generaciones de presos cubanos dan fe de la fidelidad de los carceleros criollos a aquella norma estalinista y evidencian, además, que sólo la experiencia de un día o una semana de un ser humano en las celdas de la isla, valdrían para estigmatizar definitivamente esa dictadura.

La situación de los activistas políticos encarcelados en Cuba no ha cambiado, sus tormentos son los mismos, pero la verdad es que la estrategia oficial de imponerle a los opositores condenas menores a los 10, 15, 20 o 30 años de prisión que caracterizaron desde el primer momento al sistema judicial del régimen, ha disminuido la atención de los medios en Europa sobre ese recurso represivo.

La intensidad de la persecución no ha variado y los juicios teatrales, con las sanciones escritas antes de que empiece el espectáculo, se celebran con la presencia exclusiva de la prensa independiente.

No aparecen por ahí los corresponsales extranjeros que están más al tanto de otros importantes asuntos de la alta política como el levantamiento del embargo norteamericano y la disposición de la Unión Europea, con España en la punta de vanguardia, a invertir grandes cantidades de dinero y darle ayudas generosas a centenares de Organizaciones No Gubernamentales que dirige el gobierno.

En octubre pasado fueron condenados nueve activistas a penas de entre dos y siete años de cárcel. Otros dos estarán encerrados por 24 meses por el delito de desacato al llamarle anticristo a Raúl Castro. Ya en lo que va de noviembre tres hombres que militan en la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), que estaban presos desde mayo, recibieron sanciones de hasta siete años.

Condenar a alguien a 24 horas de cárcel por pensar diferente es un crimen tan grande como condenarlo a 20 años.

El gobierno no ha podido hacer que caigan nevadas sobre la cárcel de Boniato, Canaleta o el Combinado del Este y, también es verdad, que los mosquitos caribeños son más modestos y menos ambiciosos que los rusos, pero los carceleros tienen iniciativa, cumplen un mandato y hallan otras categorías de sufrimiento para los prisioneros. Al hambre general de Siberia le han agregado una estrella.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2014, 4:00 p. m. with the headline "RAÚL RIVERO: Castigos heredados."

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