ALEJANDRO RIOS: Regulado
Tendría mi edad cuando comenzó su cruzada contra el estercolero verde olivo que lo quería castigar a permanecer en Cuba porque —según los testaferros— su hijo mayor había desertado en Nicaragua durante un vuelo de la línea Aerocaribbean.
Glorioso mi padre enfrentándose a la ignominia. Reclamando sus más elementales derechos de movimiento con visa y pasaje en el bolsillo para largarse a los Estados Unidos.
Memorable aquel pequeño gran hombre cada semana concurriendo a la oficina de inmigración, de su localidad en la Víbora, para que el oficial le dijera, sin escrúpulos, que no le autorizaban su salida por cierta resolución no escrita ni publicada en ningún lugar donde los padres eran castigados a permanecer en Cuba durante cinco años si alguno de sus hijos desertaba.
Y este periódico famoso nos quiere convencer de que la dictadura merece todos los perdones porque hay reforma económica, que es como llaman al timbirichismo de Raúl Castro y la talanquera de la finca ha sido levantada para que los cubanos entren y salgan a su antojo y traigan el dinero necesario que sustente lo que queda de la debacle.
Sin embargo la organización Somos + ha subido a Youtube la grabación hecha por un activista político en la distante y machucada tierra oriental el día que concurre a tramitar un viaje al exterior de la encerrona castrista y le dicen que su salida está “regulada’’, el nuevo eufemismo utilizado para seguir mancillando la libertad ajena.
Se lo hacen saber —condescendientes— para que no pierda dinero viajando a La Habana porque cuando llegue al aeropuerto —le explica desfachatado el mayor del Ministerio del Interior—, no podrá abordar el avión aunque tenga pasaje y pasaporte.
El joven Hanner Hechavarría, persona decente, sin causa delictiva, como mi padre, aparece en una foto con sus dos hijos pequeños y hermosos pero le recuerdan —taimados— en algún momento que la juntera con Eliecer Avila lo ha perjudicado. El mismo Eliecer que pusiera en solfa, públicamente, al abyecto Ricardo Alarcón, cuando lo hizo decir la sandez de que si todos los cubanos viajaban, los cielos estarían congestionados.
“Es un derecho que nos reservamos” le advierte el policía impune y Hanner le responde que él no ha hecho otra cosa en su vida que estudiar y trabajar.
Y al periódico de Nueva York no le preocupan los detalles nimios, las suspicacias de los “charlatanes” exiliados, ni los agobiantes disidentes con su obsesión por ser libres. Estas son unas minorías azarosas que no merecen tanta atención. Ellos son la gran prensa y van al “big picture”, es necesario levantar el embargo… y luego todo se arregla como por arte de birlibirloque.
Hanner se queja con la oficial Vilma, quien llega de pronto a la oficina, y le dice que otras personas como las jineteras (prostitutas) pueden viajar y ella le aclara que es porque no se meten en política.
De tal modo se teje el encanallamiento de la nación y también le recuerdan que no recurra a abogados porque estos no tienen representatividad en los asuntos de inmigración.
La contienda de mi padre con similares testaferros fue a principios de los años noventa cuando ya nosotros, sus hijos, habíamos escapado en masa y lo esperábamos de este lado. En cada oportunidad, nos contaba, orgulloso, de su perseverancia y sus hazañas y como le preguntaba a los adláteres del régimen: “¿Dónde está la resolución, por qué no me la dan por escrito?” Y los ladinos discípulos de los Castro contestaban con evasivas como estos que ahora siguen abusando y le dicen a Hanner que es un “regulado”.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RIOS: Regulado."