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Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: No somos nada

En el cortometraje No somos nada, el director y guionista Eduardo del Llano regresa a la burla sarcástica del Ministerio del Interior, la policía política del régimen castrista, una entidad cruel y despótica que, sin embargo, no deja de ser propensa al ridículo.

Con Monte Rouge hace diez años, donde presentó por primera vez a un personaje que encarna al cubano sufrido —Nicanor O’ Donnell—, Del Llano fue el primer realizador cubano en mostrar a un equipo de “segurosos” tratando de buscar la complicidad del propio Nicanor para instalar micrófonos de escucha en su apartamento y poder grabar a quienes hicieran observaciones contrarias al régimen.

No somos nada, ocurre durante el velorio de un hombre que se ha suicidado, al parecer, por haber sostenido una intolerable doble vida en cuanto a su preferencia sexual. Filmada en blanco y negro, convoca a clásicos de la actuación cubana como Cristina Obín, Aurora Basnueva y Mario Limonta junto al actor Carlos Gonzalvo, conocido por su personaje televisivo Mentepollo, también de ostentosa mordacidad en comentarios sobre la realidad cubana.

Gonzalvo interpreta a un miembro del “Ministerio”, que no se identifica como tal pero todos en la isla conocen la tenebrosa referencia, y está en el funeral impelido por su esposa. Le preocupa, desde el comienzo, que no tiene cobertura en su teléfono celular pues en cualquier momento debe recibir la llamada de sus superiores para un operativo en marcha.

Momento de gran comicidad se produce cuando el atorrante represor encuentra la cobertura ideal sobre el féretro y allí mismo deja apoyado su teléfono esperando la importante llamada hasta que entra una, equivocada, pero ocurre que el timbre del celular es un procaz reguetón que altera el luto de los dolientes.

Así, en apenas 18 minutos, van ocurriendo diversas situaciones que mucho tienen que ver con la actualidad cubana y que hunde sus raíces estéticas en el humor negro de Tomás Gutiérrez Alea. Cristina Obín encarna a una persona sorda y medio tonta de la cual se sirve Del Llano cuando quiere revelar circunstancias prohibitivas.

Por ejemplo alguien habla de la situación del país, ella pregunta a qué se refieren y se lo dicen al oído, pero la cámara permanece en su rostro, donde se muestra el asombro y la mueca de quien no ha estado al tanto de la debacle nacional.

Hay una muchacha encargada de traer las coronas muy desenfadada que espera no haya más difuntos ese día pues se siente cansada y luego le da el número telefónico de un tío albañil a un amigo de la viuda para que le arregle la meseta de la cocina de su casa.

Con anterioridad esa misma persona, interpretada por Mario Limonta, trató de sobornar, sin mucho éxito, al “seguroso” para lograr algunas prebendas con respecto al arreglo del mencionado inmueble.

Ni decir que en otro momento de alboroto durante el funeral, el agente amenaza con incautar el cadáver si le siguen entorpeciendo su necesidad de comunicación con el “mando superior”, haciendo alarde de la impunidad con que siempre han actuado en la isla.

En algunos despachos de prensa, Eduardo del Llano anunció el estreno de este corto el pasado mes de septiembre, coincidiendo con la presentación de su segundo largometraje Omega 3. Ni los medios electrónicos cubanos oficiales ni los alternativos hacen constar que así haya sido. Los críticos tampoco se han pronunciado al respecto.

Vapulear al aparato represor del régimen mediante los artilugios del humor negro no es algo que hace muy feliz a los instigadores de tanta congoja.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2014, 1:30 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: No somos nada."

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