Opinión Sobre Cuba

MIGUEL COSSÍO: Un abrazo sin marcha atrás

En un inédito giro, el mundo del espionaje vino a romper el nudo gordiano de las accidentadas relaciones entre Estados Unidos y Cuba durante más de medio siglo. Aunque lo que iba a ser una gran jugada se convirtió en un detalle, me refiero al anunciado intercambio de Alan P. Gross por los tres espías cubanos de la Red Avispa.

Que la historia recuerde, ningún canje de espías dio pie hasta ahora a un cambio mayúsculo en las relaciones entre enemigos. En este caso fue el pretexto. Me cuentan que el punto más difícil de las negociaciones de la Casa Blanca con el régimen de Raúl Castro sobre Gross no fue la liberación en sí del contratista estadounidense, sino la de uno de los agentes de inteligencia más valiosos para Estados Unidos en Cuba, preso en la isla por cerca de dos décadas.

El nombre del héroe mencionado por el presidente Obama no se ha revelado todavía, aunque se especula que podría tratarse de los oficiales cubanos de inteligencia Ernesto Borges Pérez o Rolando Sarraf Trujillo, condenados en Cuba por espionaje a favor de Estados Unidos.

El ex presidente Bill Clinton fue quien tocó la clave de son de lo que vendría, cuando dijo en la Universidad de Miami la semana pasada que la excarcelación de Gross podría llevar al levantamiento del embargo a Cuba. Clinton declaró que la administración Obama estaría dispuesta a hacer una especie de último intento para normalizar la relación con La Habana, e incluso recordó el pronunciamiento de su esposa Hillary Clinton a favor de finalizar el embargo.

¿Cuán efímera o perdurable puede ser esta movida de Obama, criticada incluso por figuras de su propio partido de la talla del senador Bob Menéndez? ¿Tendría marcha atrás con el nuevo gobierno que asuma la Casa Blanca en enero del 2017? Michael Parmly, ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana y uno de los diplomáticos que mejor conoce la realidad cubana, me respondió que en la diplomacia, la continuidad es la regla. Veremos, porque la gran contradicción de toda esta jugada es pretender normalizar las relaciones manteniendo vigente el embargo. Cómo puedo ser tu amigo y mantenerte el embargo.

Si repasamos los últimos seis años, la de Obama era una jugada cantada, desde el primer día en la Casa Blanca en el 2009. Su argumento simplista de la historia, de que décadas de aislamiento y confrontación con los Castro no ha conseguido el objetivo de promover una Cuba “estable, duradera y democrática”, es la convicción de una parte de los políticos en Washington, empresarios y figuras, que también desean un cambio real de la sociedad cubana.

En su libro La paradoja del poder norteamericano (2003), el ex subsecretario de Defensa Joseph S. Nye habla del poder blando, que contrario del llamado poder duro (el militar y el económico), “más que coaccionar, absorbe a terceros”; porque su fuerza radica en que otros admiren los valores de uno y aspiren a un nivel similar de prosperidad y apertura. “Si yo consigo que tú quieras hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que obligarte a hacer lo que tú no deseas”.

Nye también dice que “si Estados Unidos quiere conservar su fortaleza como nación líder en el mundo debe prestar más atención a su poder blando”.

Tengo la impresión de que Obama es un convencido del uso del poder blando. Su actuación en política exterior sobre Medio Oriente, Rusia, China, Corea del Norte, Irán y Cuba podría dar fe de ello.

Pero este abrazo sin aparente marcha atrás tiene un problema: los legados no se escriben antes que los epílogos.

Director de Noticias de SBS.

@cossiom

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