JOSÉ MANUEL PALLÍ: ‘Cuba Travel’ y el derecho a viajar
Nada mejor que viajar para desintoxicarse del discurso (o narrativa) surrealista de Miami. Pero viajar casi tres semanas por un mundo hoy lleno de peligros le resta sueño y le agrega años al viajero (siento como si hubiera envejecido diez años después de visitar Tierra Santa y el Vaticano).
Mas allá de las amenazas de los violentos y los travel warnings de los prudentes, qué bueno es poder ejercer libremente el derecho a viajar, a donde uno quiera, entrando y saliendo del país de uno sin limitación alguna.
Es justamente por lo mucho que disfruto ese derecho de viajar que siempre me he sentido solidariamente identificado con mis conciudadanos a quienes, por carecer de raíces cubanas, se les priva del derecho a visitar como turistas la isla de Cuba como podemos hacer quienes sí ostentamos esas raíces.
En Jerusalén me encontré con un taxista que, en febrero, viajará durante un mes por Cuba y por Costa Rica, atraído, según él, por la belleza y la “accesibilidad” de sus mujeres. En Italia y en la Argentina, sendos colegios de abogados ofrecen a sus miembros paquetes vacacionales estivales, pasaje y todo incluido, de dos semanas en playas cubanas (apenas una excursión de un día a La Habana) a un costo menor que el que pagamos quienes tenemos el privilegio de poder viajar a la isla desde Miami por el pasaje, la visa y tres o cuatro días de estadía en hoteles similares.
Los gustos o hábitos de estos viajeros me llevan a pensar en que, después de todo, puede no ser una mala idea que quienes visitan Cuba desde los EEUU tengan que realizar actividades culturales que les permitan conocer a Cuba mucho mejor que lo que la conocerán tanto el taxista israelí como mis colegas playeros. Con el valor agregado de poder informarle a sus vecinos en los EEUU sobre una realidad que solo conocen a través de la distorsionada narrativa que muchos cubanos que, por razones de principios, se niegan a visitar Cuba, se empeñan en perpetuar, a fin de obstaculizar el proceso de acercamiento y normalización de relaciones iniciado hace cerca de un año.
La mejor prueba de lo mucho que ha cambiado Cuba es justamente la migración masiva de su gente en pos de capitalizar la oportunidad de vivir el resto de sus vidas con un pie en Miami y el otro en La Habana, ahora factible por los cambios en las leyes migratorias cubanas y la inamovilidad del privilegio que sus similares conceden a los cubanos que llegan a los EEUU.
Quienes se oponen a esta variante del sueño americano pretendiendo limitarlo desconocen, aparentemente, la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos por la que tanto reclaman, que, en el inciso 2 de su articulo 12, reza: “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, Y A REGRESAR a su país”.
De modo que “atenzione!!!” –con esa palabra intentaba un guardia suizo atemperar mis ímpetus por acercarme al Padre Jorge hace una semana en la Plaza de San Pedro– Marco, Ileana, Mario y compañía. Sería un papelón –uno más– que alguien les abriera una causa por violación de los derechos humanos de quienes, una vez cumplidos los requisitos que fija la Ley de Ajuste Cubano, quieran regresar de inmediato a la isla a visitar a su familia o para hacer lo que les plazca.
Por cierto, el Padre Jorge me dijo (a mí y a todos los presentes esa fría mañana de noviembre en San Pedro) que lo de admitir solamente a aquellos refugiados del atribulado Medio Oriente que demuestren ser cristianos es otro disparate de marca mayor. Avísenle a Tom Cruise.
Abogado cubanoamericano.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de noviembre de 2015, 11:58 a. m. with the headline "JOSÉ MANUEL PALLÍ: ‘Cuba Travel’ y el derecho a viajar."