Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: Isla paradójica

Entre los representantes de la cultura cubana en la isla, solo han podido comentar y celebrar la noticia del restablecimiento de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, artistas y escritores de confianza como uno de los cantantes del dúo Buena Fé y el poeta Alex Pausides. El resto está como esperando la señal de Miguel Barnet, al frente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), o la del Ministro de Cultura, alguien con poca influencia que no viene al caso mencionar.

Buena parte de este estamento de la sociedad visible de la isla ya se arriesgaba los días 4 de julio y asistía a la fiesta de la Independencia de los Estados Unidos en la mansión del representante de la Oficina de Intereses en La Habana, aunque corrieran el albur de ser fotografiados o de encontrarse con disidentes de alto perfil internacional.

De hecho, la lista de estos invitados, que obra en poder del hacendoso Ministerio del Interior, pudiera ser el modelo para el intercambio cultural “con todos los hierros” que se avecina.

Ahora no habrá que esperar los días atribulados del Festival de Cine de La Habana, para ver las estrellas americanas y sus filmes de estreno. Ya se debe estar cocinando la Semana del Cine de los Estados Unidos en la Cinemateca, con la asistencia de una delegación con todas las de la ley y tratarán de borrar y sustituir al Martí de “viví en el monstruo y la conozco las entrañas” por aquel otro sibarita que disfrutaba, como pocos, los bares y restaurantes de la gran ciudad de Nueva York.

El mundo real se irá entronizando en la isla diezmada por tantos experimentos ideológicos y sociales azarosos. Se repite, con algunas variantes, la circunstancia que contara Fernando Pérez en el primer filme de su carrera, Hello Hemingway cuando, durante los años cincuenta, estudiantes cubanos vivieron la disyuntiva de ocuparse de los pormenores agobiantes de transformar la dictadura de Batista en una democracia o aspirar a una beca universitaria en los Estados Unidos.

El país regresa al regazo de su mentor predilecto, los Estados Unidos, del cual lo alejaron tantos avatares. Miami seguirá siendo la “Meca” de donde emana el bienestar de la isla pero el diapasón se amplia y la ansiada posibilidad de consumir procederá de varias esquinas productivas y empresariales del norte.

Ha sido una suerte de road movie circular abundante en giros dramáticos, para decirlo en términos cinematográficos. La nomenclatura protagónica siempre viviendo a sus anchas, conducida por un Mesías obsesivamente antimperialista, de lo cual hiciera gala su carrera sin sentido.

Un día exportando revolución a tutiplén como satélite del comunismo internacional, otro interviniendo en África, cual superpotencia, mientras el pueblo naufragaba en la miseria, para luego sobrevivir la caída del Muro de Berlín en fase de período especial, encontrar aliados ideológicos en el traspatio y ahora regresar el punto de origen, de donde depende su salvación final.

En unos días se disolverán las últimas trazas del tinglado épico que han sostenido durante los últimos años el apresamiento de los espías en cárceles norteamericanas. Esos que han regresado con música de En silencio ha tenido que ser de la ridícula banda sonora televisiva. Sobrevendrá un aburrimiento en el compás de espera, mientras los políticos pulen las divergencias históricas.

El círculo se ha cerrado, un Día de San Lázaro, gracias a un judío tramitado. Hechos de la isla paradójica. Hoy cobra más valor que nunca la carta que aquel niño del Colegio de Dolores, de Santiago de Cuba, enviara al presidente Franklin Roosevelt en 1940 en un deficiente inglés: “Si usted quisiera, deme un billete de diez dólares del verde americano, en la carta, porque nunca he visto un billete de diez dólares del verde americano y quisiera tener uno”.

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