Opinión Sobre Cuba

ORESTES RODRÍGUEZ: Oremos

La cristiandad se prepara para celebrar la Navidad y, por ende, el nacimiento del Niño Jesús, Rey del Universo y guía de los cristianos en nuestra fe para dirigir nuestras vidas. Como se conoce, el pasado 17 de diciembre nos enteramos de que el presidente Barak Obama, luego de conversaciones secretas con Raúl Castro, decidió disponer el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el régimen comunista.

Desde entonces, reina un aluvión de opiniones permeado por discrepancias con la referida decisión ejecutiva y, más reciente aún, encuestas que han puesto de manifiesto la división del exilio en cuanto a esa decisión y al futuro de la isla.

Para despejar cualquier tentativa del exilio de llevarse por el entusiasmo por el gesto del presidente Obama, en la creencia que ello pudiera repercutir en beneficio del pueblo cubano, el dictador Raúl Castro, a través de su vocera e hija, Mariela, se encargó de reiterar de que nunca el capitalismo volverá a reinar en la isla. Al buen entendedor....

El pueblo cubano no tiene ante sí y no se columbra en el futuro, un cambio real que lo conduzca al Estado de Derecho, entre cuyas variantes se encuentra el ejercicio del sufragio universal y la posibilidad de un verdadero cambio que traiga consigo el retorno de la creatividad de ese pueblo que antes del diluvio castrista fue uno de los pioneros de la prosperidad en Latinoamérica. El devenir del pueblo cubano no puede entenderse al estilo de Viet Nam, China, Corea del Norte, etc., cuyas zonas son harto conocidas. El bienestar de un pueblo comienza con el pleno disfrute de su libertad, para que las fuerzas productivas tracen el camino del goce común.

Mientras tanto, el recurso que nos queda a los cubanos es el que con motivo del restablecimiento diplomático entre EEUU y la dictadura castrista y la festividad de la cristiandad, es encomendarnos a la oración y decir:

Glorioso Señor, Padre que estás en los cielos, creador del cielo y de la tierra y también del mar, de las estrellas y la luna y el sol que nos calienta; encarnado en Santa María madre; nacido en Belén según su voluntad, donde te glorificaron y cantaron los pastores y te fueron a adorar tres reyes de Arabia –Melchor, Gaspar y Baltasar–, ofreciéndote de corazón el oro, el incienso y la mirra; tú salvaste a Jonás cuando cayó en la mar, y a Daniel de los leones en aquella funesta cárcel, y al señor San Sebastián en Roma, y a Santa Susana del criminal falsario; tu anduviste por el mundo treinta y dos años, oh Señor espiritual, obrando milagros tan famosos; hiciste del agua vino y pan de la piedra, y resucitaste a Lázaro por la fuerza de tu deseo; te dejaste prender en el monte Calvario y poner en una cruz en el Gólgota, entre dos ladrones a ambas partes –uno merecedor del paraíso, otro no–; tú resucitaste del sepulcro, fuiste por tu voluntad a los infiernos, quebrantaste las puertas y sacaste a los santos padres; tú eres rey de reyes y Padre y Señor del mundo; en ti adoro y creo de corazón y ruego a San Pedro que nos ayude a los cubanos a recuperar la Patria, que podamos reconstruirla “con todos y para el bien de todos”, que se aleje de ella toda la sevicia que ha perdurado por más de medio siglo y la esperanza sea el estandarte del entusiasmo redentor para que la paz definitiva reine y vuelva el sol de la libertad a calentar sus ciudades, pueblos y campos. Oremos, pues.

Abogado cubano. Reside en Miami.

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