Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: Buen aniversario

Hoy se celebra el día de San Lázaro y se conmemora el primer año de aquella sorpresiva noticia donde el gobierno de los Estados Unidos y el régimen de La Habana avisaban al mundo del restablecimiento de relaciones luego de medio siglo de antagonismo.

Ahora recuerdo a los amigos latinoamericanos que me tocó conocer en Cuba y de cómo nos alentaban a continuar el proceso revolucionario, paradigma social y político para el resto del continente, punta de lanza contra los afanes imperiales del vecino del norte –responsabilidad titánica–, en lo que ellos continuaban sus vidas comunes de cualquier pueblo entre afanes y esperanzas, junto a la familia.

En la construcción de apartamentos en Alamar, al este de La Habana, tuve como colega a un guerrillero tupamaro, asilado en Cuba. Cierta vez almorzábamos la bazofia que servían en desagradables bandejas de aluminio con cubiertos de calamina y él recordaba cuando reprochaba a la madre por servirle “bife”, casi todos los días y ella le respondía: “Algún día lo echarás de menos”.

Menuda tarea nos dieron los amigos del mundo a costa de quebrar la nación, hacernos partícipes de una doctrina ajena y obstinada, descuartizar las instituciones y el urbanismo, suprimir tantas libertades, hundirnos en la indigencia y la necesidad. Hacer del verbo “resolver” la guía de la supervivencia.

Al año de soñados cambios improbables, es la isla que se repite: compatriotas a la fuga de aquel lugar maldito. Están los que siguen mecidos sobre la incertidumbre macabra de las olas, escapando en todo lo que flota, y ahora, la triste y enervante visión de miles de “hombres y mujeres nuevos” que increpan a las morbosas cámaras desde el rainforest costarricense.

Para el resto del universo seguimos siendo noticia de cuarta categoría. Hay mucha matanza, terrorismo e incertidumbre en el primer mundo para que los noticieros que no sean de Miami revelen la crisis. Estamos fuera de la ecuación presidencial de los Estados Unidos hasta tanto no ocurran las elecciones y solo entonces interesarán nuestros votos.

En el Canal 41, AmericaTeVe, se hace un teletón de dos días a beneficio de los cubanos varados en Costa Rica. Se recaudan más de 100,000 dólares. Una familia llegada de la isla, que estuviera desamparada hace unas semanas como tantas otras que siguen arribando, y recibiera en su momento el apoyo de coterráneos impelidos por el programa Happy Hour del mismo canal, llegan con su sentido donativo.

Compañías locales aportan lo suyo y ancianos cubanos jubilados, luego de trabajar duramente por años para hacer prosperar sus familias en esta nación generosa que les dio la segunda oportunidad, hacen fila para contribuir con los distantes compatriotas que ven en las noticias tratando de vivir en campamentos improvisados y se acuerdan de los vuelos de la libertad hacia la incertidumbre, la desgarradora Operación Pedro Pan, el legendario éxodo del Mariel y la crisis de los balseros como colofón de una historia cíclica sin salida, a no ser aquella que contemple la posibilidad de prescindir de los Castro para que los cubanos puedan lidiar con su destino.

Washington y La Habana hacen silencio, pues parecen cantar “buen aniversario” del gran Aznavour, y ni una palabra, ni una declaración de protesta de la flamante embajada americana en el malecón, sobre personas apabulladas por turbas despreciables en el Día Internacional de los Derechos Humanos frente al público que hace cola para entrar al cine Yara en pleno Festival de Cine.

Esa libertad que los opositores se arriesgan a reclamar públicamente parece ser una entelequia inalcanzable. Un año después, no se acaba de hacer la luz al final del túnel.

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