ORESTES RODRÍGUEZ: Navidades en Cuba
El próximo 25 de diciembre se celebrará el nacimiento de Jesucristo. Previamente, en la prensa se vienen recogiendo las opiniones en cuanto al significado de esta celebración, sus orígenes, sus raíces y su finalidad para quienes recibimos, a través del bautismo, la credencial cristiana.
Se genera también con motivo de esta festividad veladas críticas por el zumbido comercial que se origina en torno a la misma, pero no se evoca –como se debiera– la luz que proclama el cristianismo, asomado a la ventana del mundo que hoy, en muchas partes, se encuentra ensombrecido por luchas entre los seres humanos, ajenos a la doctrina del Salvador.
Los postulados del verdadero cristianismo tienen como faro la libertad del hombre, tanto en el orden espiritual como en su quehacer social. Los pueblos, que viven bajo ideologías ajenas al cristianismo, sufren la flagelación de sus libertades. Los cubanos hemos tenido, a lo largo de cinco décadas, una infausta experiencia del sufrimiento mencionado, y todavía no se ve esa famosa luz al final del túnel, a pesar del impacto que ha causado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas a instancia de EEUU con la dictadura de los hermanos Castro, quienes reiteran que su sistema –alejado de toda flexibilización– no retornará al camino capitalista, esto es, lo que debemos entender por el estado de derecho.
En efecto, en recientes declaraciones, el dictador Raúl Castro ha repetido que no habrá cambios en el orden político, que el régimen que representa continuará al frente de los destinos de Cuba y agrega que “el derecho de todo Estado a elegir el sistema económico, político y social que desee, sin injerencia de ninguna forma, debe ser respetado” (el Nuevo Herald, 19 de diciembre, pág. 9-A). El argumento del dictador fuera válido si ese Estado que representa cumpliera con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la cual postula en su artículo 21.1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. 2. Toda persona tiene derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto… El régimen castrista viene desconociendo ese mandato de la referida Declaración, de la cual es signatario al impedir el pluralismo partidista.
El creciente éxodo que bate la isla, como el que ha llegado a Costa Rica, país que ha recibido alrededor de cinco mil cubanos, donde han sido atrapados sin poder seguir la ruta que los llevaría a México y de allí a EEUU, como vienen exponiendo, es un irrefutable ejemplo de como la dictadura cubana es una hacedora de esas estampidas, como se ha comprobado a través de la toma del poder en 1959 y reflejo, además, de las condiciones imperantes en la isla.
En momentos en que Cuba está bajo el peso de una dictadura, es oportuno recordar que otra, pero de estilo diferente, motivó que el desaparecido Maestro del periodismo polémico y doctrinal en Cuba, Pepín Rivero, en una de sus inigualables Impresiones, con motivo de la Nochebuena de 1931, escribiera “Y Paz a los Hombres de Buena Voluntad”, entre otros aspectos, lo siguiente:
“Señor: Tú, que a tu paso por la tierra subvertiste el concepto que el hombre sustentaba de su prójimo. Tú, que diluiste el corazón de piedra de los humanos en el Santo Grial de tu divina sangre, y humillaste a los soberbios y ensalzaste a los humildes y llamaste bienaventurados a los pobres de espíritu. Tú, cuya voz, resonancia del otro mundo, trajo a la tierra el mensaje más portentoso que se oyera hasta entonces ni se espera volver a oír jamás…No permitas, tú, que por tu encarnación hiciste de cada humano espejo de ti mismo, no permitas que sea esclavizado el hombre, imagen y semejanza de Dios, redimido con la sangre del Hijo del Hombre. Cicatriza, Señor, con aquellas tus manos aún no estigmatizadas con que devolviste su vista a los ciegos, su oído a los sordos y tornaste la vida a los difuntos, las heridas que el odio, con sus negros colmillos, nos infiere en este batallar en que dijérase que andan sueltas todas las furias infernales…” El cubano necesita cicatrizar sus heridas inflingidas por otros cubanos que no han sido capaces de ejercer la comprensión y la piedad.
Mientras tanto, las nochebuenas cubanas sufrirán la ausencia no solo de la cohesión familiar y la libertad, sino del disfrute del lechón asado, el congrí, la yuca y los dulces caseros, para festejar tan prominente acontecimiento en honor del Nazareno.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de diciembre de 2015, 11:45 a. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Navidades en Cuba."