ALEJANDRO RÍOS: Convergencia
Un amigo me escribe desde Cuba para dejarme saber que el “Paquete” (artilugios con grabaciones digitales) de la pasada semana ya contenía todos los filmes potencialmente “oscarizados” para este año.
Mientras tanto la prensa internacional da a conocer que importantes estudios de Hollywood se sienten consternados porque dos de estos largometrajes, The Hateful Eight, de Quentin Tarantino, y The Revenant, de Alejandro González Iñárritu, fueron pirateados y subidos a la red, algo que tarde o temprano suele ocurrir, sobre todo durante esta temporada cuando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas distribuye entre sus miles de miembros copias en DVD de la filmografía que resultará nominada y luego premiada con las famosas estatuillas.
En varias ocasiones el gobierno de los Estados Unidos ha sentado en el banquillo de los acusados a su aliado chino por hacer de la piratería toda una lucrativa industria paralela.
Durante años, el régimen cubano mantuvo una compañía fantasma del Ministerio del Interior –Omnivideo–, que copiaba y distribuía filmes americanos recién estrenados con subtítulos en español para el mercado latinoamericano.
Dicen que los diplomáticos de la otrora oficina de intereses cubana en Washington y la legación en las Naciones Unidas, de Nueva York, se ocupaban de conseguir las copias para hacerlas llegar a la isla en valija diplomática.
Haciendo un resumen del año, una periodista oficial elogia la buena suerte del cine cubano en cuanto a producción, escribe sobre la debacle de las salas de proyección y confirma el “pirateo” como uno de los modos más populares de ver películas:
“El séptimo arte ha sido siempre un medio más para saber qué pasa con nosotros y el mundo. La falta de espacios adecuados en toda Cuba para la proyección de cintas de estreno ha provocado de cierta forma la falta de motivación en la población para ir al cine.
“Funcionarios de la industria en más de una reunión han manifestado la necesidad de recuperar estas salas de cine, pero definitivamente los recursos deben venir de las instituciones autorizadas y a cargo del mantenimiento de las mismas.
“No podemos sentenciar que ver las películas pirateadas en nuestras computadoras y copiadas de mano en mano en memorias flash sea el fin del mundo, pero tampoco podemos conformarnos con ello”.
En la selección de los “Rostros del Año 2015” que publica el periódico 14yMedio, dirigido por Yoani Sánchez, aparece Elio Héctor López, uno de los fundadores del “Paquete”, conocido como El Transportador.
Este emprendedor cubano de la reproducción y tramitación digital dice no haber tenido problema legal hasta el momento y que “funcionarios del Ministerio de Cultura y la TV Cubana se le han acercado para conocer su trabajo”. Según la revista Forbes, se trata de uno de los “revolucionarios” en el escenario tecnológico cubano, algo con lo cual no coincidirán los dueños de estudios hollywoodenses agraviados por la distribución ilegal de sus filmes.
El “Paquete” es un negocio lucrativo doméstico a diferencia de la operación internacional acometida por la inescrupulosidad del mercado chino. Como justificación, suple la ausencia de Internet de alta velocidad y de libertad.
Antes los cubanos dependían de la policía política para tratar de ver el cine, la televisión y otros medios audiovisuales del enemigo y no siempre tenían éxito. Hoy la avalancha de la imagen prohibida es indetenible, y más que ningún otro eufemismo de la alta política, esta maniobra tecnológica comienza a horadar el muro anquilosado de la censura y el adoctrinamiento.
Ahora puedo intercambiar opiniones con mi amigo de Cuba sobre las películas que debemos disfrutar antes de que los premios Oscar sean concedidos en marzo.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2016, 11:14 a. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Convergencia."