ANÓLAN PONCE: Un extraordinario gesto de gratitud
El sentimiento que experimentamos debido a un bien o atención recibidos se conoce como gratitud, y se suele expresar con un simple “gracias”, una nota escrita, o un regalo. Estas expresiones suceden a diario, pero si alguna se sale de lo ordinario merece ser reconocida. La que sigue reúne las cualidades.
La historia comienza en 1895, cuando un alfarero cubano vertía barro en moldes de fuentes de servir, las cuales después esmaltaría y bordearía con gruesas líneas azules intercaladas por otras delgadas en rojo, dibujaría en su centro el escudo de la futura República de Cuba y acuñaría en el reverso con un número. El producto de la venta de estas fuentes estaba destinado a apoyar la lucha de los mambises contra el dominio español en Cuba, por lo cual la labor del alfarero era secreta ya que podía costarle la vida. También a quienes más tarde adquiriesen estas fuentes.
Muchos años después, en 1927, nacía en la finca La Manuelita en los alrededores de Artemisa, Juan Reinaldo Ponce, hijo de una joven cubana y un inmigrante canario. Uno de 12 hermanos, y primo de mi padre por línea paterna, vivió atado al cultivo de la tierra hasta cumplidos los 30 años cuando logró empleo en una granja propiedad de su prima. En 1968, se exilió en los Estados Unidos, y uno de sus primeros empleos fue con mi entonces esposo en su naciente negocio de construcción. Fue uno de sus más leales obreros. En cierta ocasión le prestó sus escasos ahorros y le trabajó a crédito hasta tanto se vendiera una casa que construían.
Pero Reinaldo mostraba esa hidalguía con todos en la familia. Cuando el éxodo del Mariel, empleó sus ahorros y se fue a Cuba en un bote para traer a una sobrina con su esposo e hijo. Quizás porque no tuvo descendencia, sus sobrinos, los hijos de estos, y los hijos de sus primos, como yo, nos convertimos en sus “hijos postizos” y estábamos siempre pendientes de él.
Hace poco más de tres años tuvo un aparatoso accidente automovilístico y se fracturó el fémur. Involucrándome en su vida, lo llevé a un ortopédico para una segunda opinión, contraté a una señora para que semanalmente le limpiara su pequeño apartamento y le cocinara para varios días, y le procuré el Transporte Especial que a menudo lo traía a mi casa a almorzar sus platos favoritos.
Siete meses atrás atacó su cuerpo una recurrente bacteria que lo mantenía sucesivamente una semana en el hospital y dos en un centro de rehabilitación. Sus “hijos postizos” le manteníamos compañía, y mientras una prima mía lo visitaba cada mañana antes de irse a su trabajo, yo me hice cargo de llevarle almuerzo todos los días. Fue entonces que comenzó a hablarme de una “fuente mambisa” que su abuelo había comprado para ayudar la lucha independentista y su madre trajo consigo al casarse. Durante la Guerra de Independencia cubrían el escudo cubano en el centro con hojas de plátano por si llegaban los españoles, y en la época de Reinaldo su madre servía en ella dulce de leche. Si esta fuente aún existía, Reinaldo quería regalármela.
Su deseo se hizo realidad. Mi hija contactó a la sobrina de Reinaldo en Cuba, y valiéndose de nueva tecnología, hizo posible que él pudiera identificar en la pantalla de su celular la fuente mambisa que manos patriotas habían creado 120 años atrás. Una persona amiga la trajo de Cuba, y postrado ya en una silla de ruedas, Reinaldo la contempló entre sus casi rígidas manos, apretándola contra su pecho, antes de entregármela con los ojos aguados. Murió semanas después, el pasado 5 de diciembre, en paz, rodeado de todo el amor que había sembrado.
Queda su fuente mambisa, marcada con el número 31. Es un símbolo de patriotismo y coraje. Pero también de inmensa gratitud de quien a las puertas de la eternidad, sin nada aparente que ofrecer, no se conformó con un simple “gracias”, y rebuscó en el armario de su vida hasta encontrar la reliquia que para mí constituye el regalo más preciado de mi existencia: una fuente mambisa que un día compró su abuelo, un humilde campesino que creyó en la libertad de Cuba.
¡Gracias, querido Reinaldo!
Escritora cubana y activista de los derechos humanos.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de enero de 2016, 11:58 a. m. with the headline "ANÓLAN PONCE: Un extraordinario gesto de gratitud."