ALEJANDRO RÍOS: Vive en Miami
En la emotiva película Woman in Gold, la actriz Helen Mirren encarna a María Altmann, la sobrina de la dama austríaca que sirviera de modelo a la famosa pintura de Gustav Klimt Portrait of Adele Bloch-Bauer I, robada por los nazis y luego incautada por el gobierno de Austria, que la mostrara durante décadas como tesoro nacional en el Museo Belvedere.
Cuando su hermana fallece, Altmann encuentra una serie de documentos que la hacen pensar que puede rescatar el cuadro como una propiedad familiar y decide echar la batalla judicial, junto a un abogado estadounidense principiante, hijo de una amiga entrañable.
Tanto Altmann como su hermana vivieron en Los Angeles en calidad de refugiadas de la Segunda Guerra Mundial. La historia ocurre a finales de los años noventa con flashbacks a la terrible ocupación de los nazis de la ciudad de Viena, que la protagonista recuerda como un trauma doloroso.
Altmann compartió con sus padres y el matrimonio de su tía Adele un bello apartamento donde el mencionado cuadro reinaba en la sala de estar. Cuando los fascistas llegaron, lo primero que hicieron fue despojar a la familia de sus bienes, humillarlos por haber sido exitosos y prohibirles salir del país.
Sin distinción, los ismos diabólicos europeos –fascismo, comunismo– tienen muchos puntos de coincidencia, no importa a donde se extiendan. Lo que le ocurrió a Altmann y a su familia, se repitió en La Habana y en muchos otros sitios de Cuba luego de 1959.
El joven abogado que la acompañó en su cruzada de justicia, también descendiente de refugiados del nazismo, le cuesta trabajo comprender por qué la agraviada no quiere regresar a Austria –donde perdió a sus padres y los judíos fueron vejados con la anuencia de sus congéneres en actos de repudio públicos–, luego de tantos años de vivir exitosamente en los Estados Unidos, donde es dueña de una boutique de ropa.
Incluso en la democracia austríaca contemporánea la señora encuentra resistencia para que le sea devuelta su propiedad pero al final impera la justicia y hoy la obra se exhibe, de por vida, en un museo de Nueva York, luego de ser adquirida por el hijo de Estee Lauder.
En Bridge of Spies, Tom Hanks interpreta a un abogado especializado en seguros que, inesperadamente, debe hacer la defensa de un espía soviético capturado en Nueva York. Su esmerado trabajo hace que no lo condenen a muerte, lo cual le permitirá luego –debido a otro hecho fortuito– cambiarlo por un piloto estadounidense de avión espía U-2, derribado sobre la URSS. En la compleja operación con los servicios secretos rusos y de la Stassi alemana, el abogado solicitará, igualmente, la devolución de un estudiante americano de Harvard, injustamente apresado cuando se erigía el infame muro de Berlín.
En su intenso y melodramático recuento histórico Spielberg nos recuerda que el universo comunista es siniestro, inoperante e impune. Su retrato de la Alemania del Este causa pavor. Vale la pena recordar que durante una visita a Cuba, en el año 2002, sostuvo cierta conversación con el dictador Fidel Castro que consideró “las 8 horas más importantes de mi vida”.
Esta semana arribaron a Miami los primeros cubanos del nuevo éxodo, ordalía ampliamente cubierta por el Canal 41, AmericaTeVe. Escapan de un universo similar al descrito en los mencionados filmes. Hemos llorado con los reencuentros y los abrazos profundos. No son noticia en la prensa oficial de su país porque ya van triunfando y la crisis añorada por el castrismo se disipa. La única libertad cubana posible sigue viviendo en Miami y este nuevo capítulo lo atestigua.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2016, 11:49 a. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Vive en Miami."