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Opinión Sobre Cuba

GUILLERMO I. MARTÍNEZ: Una pelea perdida

Siempre es importante saber cuando uno tiene la pelea perdida.

Un grupo de millonarios cubanos –con Mike Fernández a la cabeza– han comenzado una campaña con todos los hierros para convencer al presidente Barack Obama que debe visitar Cuba y tratar de convencer al Congreso que levanten el embargo económico a Cuba.

Fernández dice que el cubano de a pie se beneficiaría al oír un discurso libre de censura del presidente Obama. A la vez está convencido que si Estados Unidos levanta el embargo, los cubanos de la isla se beneficiarían.

Fernández ayudó a pagar un anuncio de una página en The Miami Herald y pocos días después escribió en inglés un artículo repitiendo lo que había dicho en el anuncio.

Y ahora escribe una carta respondiéndole a Michael Putney, el presentador del Canal 10 de televisión, que tuvo la valentía de responderle al millonario cubano. Putney estaba en desacuerdo con los 10 millonarios que quieren establecer sus marcas en Cuba en cuanto se levante el embargo.

Fernández también es autor de un libro narrando su jornada espiritual que lo llevó a seguir el camino de los peregrinos en la Edad Media que viajaban largas distancias a pie para ir a rezar a la Iglesia en Santiago de Compostela, en Galicia, España.

Yo tengo uno de esos libros y quisiera devolvérselo. Su jornada espiritual ahora lo lleva a negociar con funcionarios del gobierno castrista.

Él está dispuesto a negociar con los mismos funcionarios que ejecutaron a miles de cubanos en los primeros días de la Revolución; son responsables de que más de dos millones de cubanos hayan tenido que abandonar su patria; son los mismos que domingo a domingo le pegan y maltratan a hombres y mujeres que sólo pretenden caminar después de misa para mostrar su oposición al régimen.

No estoy de acuerdo con el señor Fernández.

Ni tampoco estoy de acuerdo con un amigo mutuo –que aunque no esté en el grupo– fue lo suficientemente honesto para decirme que para él la violación de los derechos humanos en Cuba no eran razón suficiente para mantener el embargo.

Debo admitir que estoy harto de que un grupúsculo de cubanoamericanos con mucho dinero traten de convencer al presidente Obama que viaje a Cuba como un nuevo paso para mejorar las relaciones entre los dos países.

Estoy cansado de que me digan que los derechos humanos en Cuba no importan; no son mis palabras. Esto fue lo que el amigo de Fernández me dijo la última vez que almorzamos juntos.

Fernández y su amigo americano pueden ir a Cuba cuantas veces les dé la gana.

Ese es un privilegio que este periodista no tiene por haber estado opuesto siempre al gobierno castrista. Que conste que tampoco iría a la isla. No me interesa ir a un país donde los cargos y las prebendas son hereditarios y donde el cubano de a pie gana $20 al mes.

Entiendo que a Fernández no le interesa que personas que no piensan como él vayan a Cuba. A él no le interesa que Cuba sea la dictadura más longeva del continente. Ni le importa que en Cuba no haya libertad de expresión, elecciones libres y que no se permita estar al pueblo estar en desacuerdo con los gobernantes.

Fernández dice que el embargo no ha funcionado y por ende ha llegado el momento de levantarlo.

Me gustaría que Fernández nos dijera a qué embargo se refiere. Es cierto que Cuba no puede comprar a crédito en Estados Unidos y que hasta hace poco era difícil para los americanos viajar a la isla.

La realidad es que el muy cacareado embargo es una farsa. Cuba puede comprar medicinas y comida en Estados Unidos. Y puede comprar todo lo demás en el mundo a precios mucho más baratos.

Turistas del mundo entero van a Cuba desde hace décadas. En invierno todas las habitaciones están llenas de turistas de todas partes del mundo.

Nada de esto ha ayudado al cubano a vivir mejor.

Ahora Fernández dice que Estados Unidos debe levantar el embargo aun cuando el gobierno cubano saque una pequeña ganancia en el negocio. Estoy seguro de que Fernández sabe que las divisas que se pagan a las empresas cubanas no van a manos de los trabajadores. Las empresas sirven de intermediario. Reciben los pagos en dólares y no importa la cantidad, le dan $20 al cubano.

El señor Fernández tiene todo el derecho de pagar por un anuncio con sus puntos de vista y de escribir artículos de opinión reiterando su posición. Estoy seguro de que quiere que de alguna forma los cubanos se beneficien en algo.

Pero no le importa para nada que todo cubano que esté en desacuerdo con el régimen tenga vedadas las posibilidades de ir a Cuba porque pudiéramos recordarle a alguien que en Cuba no hay democracia, no se respetan los derechos humanos, no hay libertad de expresión.

No le importa lo que piensa el exilio. Tiene dinero y con eso le basta y le sobra. Le deseo mucho éxito al señor Fernández en su misión. Lo único que quiero es que me permita devolverle su libro. Ya no me interesa.

Periodista cubanoamericano.

Guimar123@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2016, 11:53 a. m. with the headline "GUILLERMO I. MARTÍNEZ: Una pelea perdida."

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