El pueblo cubano martiano en el natalicio del Apóstol
Cada día que pasa, se hace más evidente que la problemática cubana tiene que ser analizada objetivamente, sin apasionamientos y con ese noble sentimiento que nos legó nuestro Apóstol José Martí; sin descartar una inexorable realidad: un régimen dictatorial que está siendo reconocido y aceptado por la potencia más grande del mundo; una realidad de casi tres generaciones de cubanos, criados, educados y desarrollados bajo un monismo filosófico-político que ha propiciado el fanatismo, la inercia y la impasibilidad de la mayoría del pueblo que aún reside en la Isla. Una impasibilidad y fanatismo que le ha vedado al pueblo el reconocimiento de sus derechos fundamentales, como persona individual y como pueblo.
¿Es la perpetuidad el factor dominante en el futuro de Cuba?
En el pasado, el mundo fue testigo del poderío arbitrario y dictatorial del régimen soviético, un poderío hegemónico que parecía no tener fin. Sin embargo, un día llegó la perestroika y el pueblo ruso y el mundo, de manera asombrosa, fueron testigos del surgimiento de una nueva Rusia en la cual el poder era determinado democráticamente y basado en la diversidad política e ideológica.
Similarmente, la desaparición de la Europa del Este como dominio soviético fue otro acontecimiento que demostró la posibilidad de los pueblos del mundo de acogerse a los parámetros de la democracia como fundamento esencial de la vida pública. Parámetros en los que coexisten todas las ideologías, inclusive el comunismo y su semejante socialismo de izquierda.
Con tales ejemplos en mente, no es desacertado asumir un cambio en Cuba con el surgimiento de una “perestroika criolla” dando paso a un posible “neo-comunismo” que reconozca y acepte la necesidad de conducir la vida pública basada en un proceso democrático con libertad ideológica y de expresión.
Sin embargo, en el caso de Cuba, para lograr la materialización de ese cambio, se requiere una transición que prioritaria y fundamentalmente lleve a cabo una revitalización idiosincrásica del pueblo cubano en general, con una firme unión y reconciliación , consciente de que las divergencias y diferencias pueden coexistir en un ambiente racional cívicamente planteadas en una sosegada palestra pública.
Hay que descartar la idea de que el pueblo de Cuba en general está frente a una encrucijada histórica, y sí ante un momento especial que puede propiciar un diferente y mejor futuro mediante una evolución en la cual, todos los cubanos, sin excepciones, tienen que asumir un papel protagónico; una evolución que ha de tener como faro la enseñanza de nuestro Apóstol José Martí, quien en su amor por su pueblo, nunca dejó de aconsejarle: “A todos los que amamos a nuestro país, nos debe de confundir, y nos confunde, un mismo abrazo”; un consejo para la unidad necesaria para lograr “Una Cuba, con todos, y para el bien de todos”.
El futuro de Cuba no está en las manos de la política intervencionista del exterior, y sí en las manos del pueblo cubano martiano, unido y reconciliado.
Jaime A. Pérez-Singla
Decano del Colegio de Abogados de La Habana en el Exilio
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2016, 11:52 a. m. with the headline "El pueblo cubano martiano en el natalicio del Apóstol."