Opinión Sobre Cuba

LUIS LEONEL LEÓN: La quimera de la libertad: el verdadero susurro de La Habana

El arte, aunque muchas veces no lo sea, se supone libre, o al menos suele aspirar a serlo. No en balde son tantas las obras cuyo principal objetivo o argumento no es otro que la libertad, la necesidad, la búsqueda de la libertad, personal, social, literaria, su deseo fugaz o para siempre. Hay pocas metáforas tan tristes como ver la libertad vestida esperando a que alguien, en un rincón del mundo, en una isla, venga a sacarla a bailar.

Por eso Tania Bruguera quiso sacarla a bailar. Y de algún modo logró hacerlo. Más que la libertad, es la quimera de la libertad el verdadero tema de “El susurro de Tatlin”, el ya célebre, sobre todo por frustrado, performance que proyectó realizar el pasado 30 de diciembre en La Habana esta artista cubana, que desde años reside y trabaja con éxito entre París y Nueva York, y que las autoridades han decidido retener en la isla como castigo a su acto de “desobediencia civil”, uno de los peores cargos que allí puede enfrentarse. Por suerte la exposición internacional la salva de la mayor sentencia.

El concepto de su obra, que en cualquier otro contexto social no sería una excepción, para la Cuba de hoy resulta tan simple como tan complicado: se abriría un micrófono en un espacio público para que cualquier ciudadano pudiera expresar libremente, durante un minuto y de forma pacífica, sus opiniones y anhelos en cuanto al futuro inmediato de su país.

Es obvio que la inspiración nació con las dudas y el entusiasmo colectivo generado por el restablecimiento de las relaciones gubernamentales y los supuestos “cambios” a favor del pueblo, pregonados a coro por Raúl Castro y Barack Obama el 17 de diciembre. De ahí que el performance se promoviera a través de la plataforma “Yo también exijo”, en directa referencia a la aspiración de que finalmente los cubanos puedan expresarse con libertad y también exigirle a su gobierno, no únicamente vivir con miedo, acatando en silencio las órdenes que les da un gobierno que jamás hemos podido elegir democráticamente.

Pese a que en la prensa internacional y en las redes sociales se creó cierta expectativa con “El susurro de Tatlin”, obviamente se trataba de una afrenta y a la vez una utopía: Bruguera quería poner su anhelado micrófono en el lugar de mayor simbolismo para el castrismo: la Plaza de la Revolución (Plaza Cívica, antes de que Fidel Castro se apoderara del país).

¿Permitiría el régimen un micrófono abierto en medio de su plaza secuestrada? ¿Correría el riesgo de avivar los leves pero peligrosos latidos de una emergente sociedad civil? ¿Finalmente daría el primer paso a reconocer una oposición cuyo mayor obstáculo es precisamente ser desconocida y humillada en la isla? ¿Levantaría la bota de la desinformación, la manipulación y el miedo de la cabeza y los ojos del cubano promedio? Una gran falacia.

Bruguera declaró que pensaba que iba a poder realizar su performance en la alegórica plaza castrista. Pero por más que quiera no puedo creerle del todo. Quizás, a lo sumo, acarició alguna ilusión. Pues ni un manojo de frívolos titulares, ni un par de discursos de dos presidentes populistas, pueden cambiar tan fácilmente, como un chasquido de dedos, la realidad de un país, y mucho menos Cuba.

Sin dudas la acción, aunque frustrada, no dejó de tener su reacción. La prohibición del performance y lo ocurrido con su creadora y los disidentes, no fue un simple susurro al viento, sino que desató, por carambola, otro performance mucho mayor y más explícito sobre lo que sucede realmente en la isla: Bruguera obligó al gobierno a poner al descubierto una vez más su naturaleza antidemocrática, y a los medios internacionales no les quedó más remedio que relatar la represión: la artista fue detenida (3 veces en 48 horas) igual que un grupo de disidentes. La comunidad internacional pudo así escuchar el verdadero Susurro de Tatlin, su más claro mensaje: la libertad para Cuba seguirá siendo una quimera mientras el régimen no desaparezca. Mientras tanto será imposible un micrófono libre en medio de la plaza.

La artista se ganó este añorado baile con la libertad. El naufragio latía en la mera idea, en la visceral utopía del performance. Cubana lúcida, valiente y esperanzada, siempre supo que en su aparente pérdida podría acariciar su triunfo. Con la imagen de un micrófono vacío en medio de la plaza, logró su objetivo: amplificar el verdadero susurro que se escucha cada tarde en los silencios de la isla.

Escritor y productor de SBS.

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