ALEJANDRO RÍOS: Encerrona
Uno de los más feroces carcamanes de la nomenclatura castrista dice que la zafra va mal y que las tierras en usufructo no producen. Ese señor regañón de edad provecta, almuerza y come como un rey todos los días de su vida inútil en lo que una multitud de cubanos rodea cierta bodega, en Villa Clara, como si fuera un linchamiento, porque las socorridas posturas de gallina siguen racionadas y acaban de llegar al barrio.
Antes de los acuerdos entre Estados Unidos y Cuba, con la oportuna intervención del Vaticano, ningún presidente de categoría democrática, como el de Francia, por ejemplo, se hubiera atrevido a extenderle la alfombra roja a un fantasma del pasado, el general Raúl Castro, artífice de mediatizadas reformas capaces de borrar del escenario “cuentapropista” a los llamados carretoneros, mediante la “operación escoba”, porque estos vendedores populares de frutas y viandas son los culpables del alza de precios que experimentan los mencionados productos en el mercado local.
Hay un video online donde personas que protestan, con rara vehemencia para los parámetros cubanos, por la prohibición de un carretonero, son los que luego lo asaltan y roban su mercancía, cuando la policía mira hacia otro lado.
En el KingBar Restaurant de El Vedado han puesto en práctica el “derecho de admisión”, como entidad privada que es, y se ha dado el caso de que excluyan a homosexuales manifiestos y negros. Quienes llegan en autos de marcas y atuendos de “afuera” reciben la más cordial bienvenida. Un bouncer “metemiedo” en la puerta dilucida la lucha de clases a su manera, con fuerza bruta e impunidad.
Mientras la claque dirigente no ha dejado de consumir, como es debido, durante estos 57 años de rigor espartano para el pueblo, el teólogo Frei Betto, de lo peor que le ha ocurrido al cubano común en franca mayoría y desventaja, advierte: “Cuando termine el bloqueo, este país asistirá a un choque entre consumismo y austeridad”. Lo dijo durante un evento teórico sobre José Martí, antes de disfrutar su opíparo almuerzo –pagado por la gente de la isla–, rociado por un exquisito tinto español.
Una escritora oficialista, quien fuera directora de El Caimán Barbudo, de franca orientación estalinista, vapuleada por lo que le ocurre cotidianamente en la calle, apunta en un sitio electrónico: “Hace muchos años, ante un hecho público de corrupción, un transparente pensador me dijo: ‘El grave problema del socialismo es la ausencia o mala interpretación de la ética’. En los tiempos convulsos que vivimos, realmente creo que ese hombre de pensamiento superior tuvo y tiene razón. Así que rectifico el título de estas líneas escritas de un tirón: Falta de ética: El más serio problema de la sociedad cubana actual”.
Coincidentemente en Miami, Carlos Díaz y su grupo El Público, regresaron ahora con la obra Antigonón, un contingente épico, traducción dramática de la encerrona en que se ha convertido la realidad cubana actual, de donde la gente escapa como de un naufragio.
Esmerados y jóvenes actores van de la desnudez primigenia fetal o mortuoria, al desbarajuste retórico y altisonante de los discursos políticos, casi sin transición, en un texto tóxico de Rogelio Orizondo, artífice minucioso de la estética empercudida donde se recicla el maltrato y la indolencia.
Una tragedia a lo cubano, marginal, reguetonera, aunque simule la improbable poesía, en retazos épicos. El lleva y trae de una suerte de conspiración cultural contra la funesta y desgastante tiranía oculta, contradictoriamente, tras la máscara benefactora de antaño.
La obra y los acontecimientos recientes trasuntan una Cuba sin remedio, de caña lisa y enhiesta y bagazo molido.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de febrero de 2016, 11:55 a. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Encerrona."