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Opinión Sobre Cuba

YOANI SÁNCHEZ: Hollande y Castro: con vino pero sin democracia

El gobernante cubano Raúl Castro (izq.) y el presidente francés, François Hollande, brindan en el Palacio del Elíseo, en París.
El gobernante cubano Raúl Castro (izq.) y el presidente francés, François Hollande, brindan en el Palacio del Elíseo, en París. AP

El presidente iraní Hassan Rouhani suspendió su almuerzo con François Hollande porque no quiso retirar el vino de la mesa. En cambio, el mandatario francés no tocó con Raúl Castro el tema de las violaciones de derechos humanos en Cuba, para evitar agraviar al visitante. Un gesto que terminará afectando la imagen de Francia, mucho más que haber prescindido de una copa de tinto.

Frente al líder de la poderosa nación, con un polémico programa nuclear, las autoridades galas no quisieron privarse de uno de los símbolos de su identidad. Pero ante el General que no permite la oposición ni la prensa independiente en su país, los anfitriones bajaron el tono de los requerimientos democráticos, algo similar a cuando Roma tapó la desnudez de sus estatuas para agradar al mismo Rouhani.

En la patria de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, desaprovechar la visita oficial de Raúl Castro y no exigirle una apertura democrática sería una decepción mayúscula. No convence el argumento de una fuente del ejecutivo francés que ha declarado que la cuestión de los derechos humanos “siempre está presente”. Era el momento para arrancarle al octogenario caudillo un compromiso de apertura democrática en la Isla a corto plazo.

Francia no pierde nada si muestra una postura más firme sobre la falta de libertades bajo la que viven 11 millones de cubanos. A diferencia de Rouhani, Raúl Castro no le comprará más de un centenar de modernos Airbus ni le ofrecerá un contrato para la extracción de miles de barriles diarios de petróleo. La Plaza de la Revolución sólo va a reportarle pérdidas y descrédito.

Sobre el ejecutivo galo irán a parar las quejas de los acreedores del Club de París que en diciembre pasado le condonaron a la Isla 8,500 millones de dólares, cuando no vean siquiera el pago de los 2,600 millones restantes que La Habana se comprometió a devolver en un plazo de 18 años. Es poco probable que lo haga, porque el sistema cubano es experto en despilfarrar dinero ajeno y en timar a quienes lo ayudan.

Otro tanto ocurrirá con los 360 millones de euros de un acuerdo bilateral para la financiación de proyectos de desarrollo. Un dinero que el oficialismo cubano colocará en áreas de conveniencia, que no empoderen a la ciudadanía ni hagan prosperar al entramado empresarial autónomo. Con el tiempo, esos recursos terminarán alimentando la corrupción, el mercado ilegal y los bolsillos de verde olivo.

Raúl Castro le habrá ratificado a Hollande que a los “amigos de Cuba, la Revolución siempre los tendrá presente”. La “amistad”, en este caso, está indisolublemente asociada a la complicidad y a la callada aceptación del autoritarismo impuesto a la ciudadanía cubana.

Es sólo otra maniobra para ganar tiempo. Hollande pasará y la nueva administración tendrá que lidiar con quienes llevan casi seis décadas en el poder en Cuba y el cuento volverá a empezar por el principio: compromisos, palmadas en el hombro, fotos protocolares y una cena donde hay vino a raudales, pero han escondido la impúdica presencia de la democracia.

Periodista cubana, directora del diario 14ymedio.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de febrero de 2016, 0:54 p. m. with the headline "YOANI SÁNCHEZ: Hollande y Castro: con vino pero sin democracia."

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