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Opinión Sobre Cuba

JOSÉ AZEL: Castro, Obama y el dilema del prisionero

El gobernante cubano Raúl Castro y el presidente Barack Obama.
El gobernante cubano Raúl Castro y el presidente Barack Obama. Miami

El dilema del prisionero es el teorema de estrategia mejor conocido en ciencias sociales. Nos ayuda a comprender lo que influye en la cooperación y el antagonismo, con el paradójico resultado de que, bajo ciertas condiciones, las personas no cooperarán, aun cuando hacerlo sea en su mejor interés.

Utilicemos el dilema del prisionero y su esencia de la teoría de juegos para analizar el último ejemplo de no cooperación de Cuba en su relación con Estados Unidos, y la respuesta de EEUU a tal falta de cooperación. El general Castro y el presidente Obama son contrapartes en negociaciones, análogamente a los cómplices del delito en el dilema del prisionero. La opinión pública es nuestro fiscal.

El dilema del prisionero fue desarrollado por científicos de la Corporación RAND y posteriormente formalizado por un matemático de Princeton. Sus aplicaciones en economía, negocios, política y ciencias sociales son extremadamente sofisticadas, incluyendo la modelación de conductas entre poderes nucleares o rivalidades nacionales.

El dilema del prisionero alcanzó la cultura popular con la película A Beautiful Mind (Una mente maravillosa), basada en la vida de John Nash, quien ganó un Nóbel en Economía por sus trabajos sobre la teoría de juegos.

En la versión más simple del dilema, dos delincuentes son aislados en habitaciones separadas y se les ofrece las opciones de testificar contra el otro o permanecer en silencio. Testificar significaría una sentencia más benigna para quien testifica si el otro se niega a testificar y permanece callado. El delincuente que testifique recibiría tratamiento favorable como testigo del Estado. Quien no testifique será procesado con todo el peso de la ley.

Sin embargo, si ambos deciden testificar contra el otro, el fiscal podría solicitar la sentencia más severa para ambos. El mejor resultado sería cooperar entre ellos permaneciendo silentes, negándole así al fiscal la capacidad de condenarlos más severamente.

Sin embargo, como cada prisionero es incapaz de saber lo que el otro hará, cada uno puede mejorar su situación personal testificando contra el otro. En este simple dilema del prisionero, testificar –o sea, traicionar al otro– resulta la estrategia dominante para cada uno. Paradójicamente, si cada prisionero sigue un proceso de pensamiento puramente lógico y busca mejorar su propia situación, ambos se encontrarían en una situación peor.

Recientemente se reportó que un misil norteamericano Hellfire, desartillado, fue erróneamente enviado desde Europa a Cuba en el 2014. Ocurrió precisamente cuando la administración Obama y Cuba estaban negociando lo que terminaría siendo la actual reconciliación entre ambos países.

Como mínimo, la Administración debería haber condicionado las negociaciones preocupada por que Cuba compartiera la tecnología avanzada de misil con adversarios potenciales de EEUU, como Rusia, China y Corea del Norte. Muy probablemente, las capacidades de espionaje de Cuba estuvieron involucradas en este misterioso “error” de embarque.

El régimen de Castro rehusó devolver el misil, e increíblemente la Administración no convirtió la devolución en condición no negociable para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, que se produjo 13 meses después de que se conociera que el misil estaba en Cuba. Es difícil concebir un ejemplo más gráfico de negación para proteger los intereses de seguridad nacional de EEUU. Alarmante, la Administración ocultó esa información en toda discusión pública de la nueva política EEUU-Cuba.

Si el general Castro tuviera algún interés en cooperar con Estados Unidos para maximizar las posibilidades de una buena relación entre ambos países, hubiera devuelto inmediatamente el misil a una administración amistosa empeñada en complacer sus demandas.

En vez de eso, el General, como se modela en el dilema del prisionero, traicionó a su contraparte negociadora, buscando su propio interés. Lo irracional es que la Administración ignorara los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos al no condenar vigorosamente la provocadora conducta del régimen cubano.

En este ejemplo, Cuba, el delincuente traicionero no cooperativo, recibió tratamiento favorable al ser recompensado con relaciones diplomáticas. Y el silencio complaciente de la administración Obama debería condenarse severamente en el tribunal de la opinión pública por no defender los intereses de Estados Unidos para obtener la devolución del misil.La historia será testigo de cómo el dilema del prisionero operó en esta ocasión.

Investigador Senior, ICCAS, UM, y autor del libro ‘Mañana in Cuba’.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2016, 3:23 p. m. with the headline "JOSÉ AZEL: Castro, Obama y el dilema del prisionero."

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