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Opinión Sobre Cuba

FRANK CALZÓN: Cuba y la esperanza de la democracia

Hace poco se cumplió el 57 aniversario de la marcha triunfal de Fidel Castro en La Habana tras la huida del dictador Batista.

Fidel entró a la ciudad el 8 de enero. Unos días antes, su hermano Raúl había tomado posesión de Santiago, la segunda ciudad del país. El 10 de enero Raúl Castro, hoy presidente de Cuba, hizo cavar una zanja larga y honda cerca de la histórica Loma San Juan, escena de una batalla entre tropas de EEUU bajo el mando de Teddy Roosevelt y tropas españolas, que tuvo el 11 de enero de 1898. Los camiones militares de Raúl cargaron hasta ese lugar a 70 cubanos, los pusieron en fila y los fusilaron. Los cadáveres cayeron en la zanja y allí los enterraron. No hubo juicio, ni tampoco “el correspondiente proceso judicial”.

Esta acción debería servir para poner en claro ante los americanos de hoy la naturaleza del régimen castrista y el carácter del hombre que heredó la presidencia de Cuba de su hermano enfermo y que hoy negocia con el presidente de EEUU, Barack Obama, en la toma de decisiones que afectan el futuro de Cuba y su relación con Estados Unidos.

Mientras Fidel Castro subyugaba a los habaneros con largos discursos, la promesa más importante de la revolución castrista fue de inmediato traicionada y abandonada. Una y otra vez había dicho Fidel que, ya desaparecido Batista, la Constitución de Cuba sería restaurada. Millones de cubanos celebraron la salida de Batista y la llegada de la autoproclamada “revolución democrática” de Fidel. La Constitución cubana prohíbe la pena de muerte. La promesa de democracia hecha por Fidel se esfumó al instante, sin que ninguno de los hermanos mostrara algún respeto por el estado de derecho.

Montados en camiones del ejército llegaron a la loma los cubanos condenados a muerte. Unos lloraban, otros imploraban por su vida con protestas de apoyo a la revolución de los Castro. Algunos tenían los ojos vendados. Muchos guardaban silencio. Una de las ejecuciones se retrasó varias horas a petición de los camarógrafos de televisión, que querían mejor luz para filmar el espantoso cuadro. La revista Time reportó los detalles en su número del 26 de enero de 1959.

Al igual que en la Europa del Este bajo el régimen comunista soviético, donde hubo ejecuciones en masa como esta, no está marcado el lugar donde descansan los restos de esos cubanos. Tampoco está marcado el lugar del cementerio de La Habana donde está enterrado el general Arnaldo Ochoa.

Ochoa se unió de muchacho al ejército rebelde de los Castro en las montañas de Oriente y llegó a miembro de la guardia personal de Fidel. Alcanzó el grado de general, jefe de los ejércitos cubanos en Angola, era muy popular entre las filas y se le conocía por hacer chistes a costa de la figura de Fidel como líder. Después de todo, ninguna de las escaramuzas de Fidel contra Batista se podía comparar con las campañas de bombardeo y las batallas de tanques que había dirigido Ochoa en África. En un discurso, el ministro de defensa cubano, Raúl Castro, le advirtió a su viejo amigo Arnaldo que los chistecitos con Fidel “no tenían gracia”.

Fidel Castro mandó colocar micrófonos en casa del general y grabó todo lo que se decía. En un juicio amañado, el general y “Héroe de la Revolución” fue condenado a muerte, llevado ante el infame paredón y enterrado en una tumba sin marca. Tal vez, cuando los Castro ya no estén en el poder, se grabe su nombre en la losa y la tumba se vuelva una atracción turística en el Cementerio de Colón.

Estos son los hermanos Castro a quienes Obama espera abrazar en la visita que piensa hacer a La Habana esta primavera. Es más, el Raúl Castro que aparece sonriente en una foto tomada en la ONU con el presidente y Michelle Obama, es el mismo que en 1996 dio orden a aviones MIG cubanos de derribar a civiles americanos que volaban por el espacio aéreo internacional en busca de refugiados a la deriva en el Estrecho de La Florida. Raúl Castro premió con medallas a los pilotos de los MIG y saludó como “héroe” a uno de los espías cubanos, Gerardo Hernández, condenado en un tribunal de EEUU por haber ayudado a planear los asesinatos.

En 2014 Obama ordenó poner en libertad a Hernández como parte de un acuerdo para reanudar relaciones diplomáticas.

El Presidente alega que gran parte de lo que provocó la enemistad de EEUU con Cuba pasó antes de que él naciera. Sin embargo, a los cubanoamericanos de hoy sí les importa lo que pasó. Y les va a importar mañana a los cubanos, cuando conozcan la verdadera historia de la isla, y la historia del presidente americano que tuvo buenas intenciones, alentó sus esperanzas, y entonces le dio la espalda al pueblo de Cuba para abrazar a otro dictador, como hicieron tantos de sus predecesores.

Director Ejecutivo del Centro por una Cuba Libre, radicado en Washington D.C.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de febrero de 2016, 0:58 p. m. with the headline "FRANK CALZÓN: Cuba y la esperanza de la democracia."

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