ORESTES RODRÍGUEZ: Necrofilia ideológica
La necrofilia se define como la atracción sexual por cadáveres. Y si se lleva este sustantivo al terreno de lo político, tenemos la necrofilia ideológica que es el amor ciego por ideas muertas. Sentado lo expuesto, trasladamos el asunto a Cuba, donde un régimen continúa abrazado a esa necrofilia, basada en el marxismo-leninismo.
Los antecedentes sobre este planteamiento encuentra su explicación en el populismo, que surgió como movimiento político ruso de finales del siglo XIX, que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental y que deviene en una doctrina política que se presenta como defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo para obtener su favor.
Consecuentemente, el universo ha presenciado varios países que al adoptar esa filosofía como aspiración sociopolítica, han encontrado un rotundo fracaso, causando todo tipo de calamidades a los pueblos, incluyendo oleadas de crímenes y encarcelamientos a sus opositores. Los ejemplos están a la vista.
En 1959 Cuba figuraba en los primeros lugares de América Latina en el campo económico. Al establecerse en el poder la revolución castrista, con el apoyo de la mayoría del pueblo cubano, se tenía la creencia en el restablecimiento de la Constitución de 1940, que continúa siendo el más bello modelo de garantía para la prosperidad del cubano, cuya Carta Magna fue abolida por el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, secuestrando la división de poderes y dando paso a un llamado Consejo Consultivo conforme a los Estatutos sustitutos de la misma. En 1976, con la promulgación de la Constitución socialista, el régimen consolidó su ideología marxista-leninista.
La euforia revolucionaria de muchos cubanos de aquel 1959 quedó sorprendida cuando el régimen castrista se declaró, en 1961, marxista-leninista, con el subsecuente y paulatino desmantelamiento de la propiedad privada, que ya había sufrido el impacto de la Ley de Reforma Agraria y la Ley de Reforma Urbana y el resto es una historia bien conocida, sin olvidar los timbiriches intervenidos a sus propietarios por imperativo de la famosa Ofensiva Revolucionaria de 1968, quedando solo un pequeño sector campesino en el disfrute de una limitada posesión de tierra, pero que no podía dar respuesta a las necesidades alimentarias del pueblo, apareciendo las granjas agrícolas estatales, cuya producción brillaba y brilla por su ausencia.
Han pasado 57 años y todo parecía indicar que el castrismo había encontrado razones para un cambio y mitigar la pobreza nacional, evitar los éxodos que en estos momentos se debate con una abultada presencia en Costa Rica y otros países, con destino a EEUU, sin vislumbrarse un real cambio en la esfera política que permita el acceso del pueblo a participar en la gestión administrativa y, en medio de ese caos, se aparece EEUU con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Cuba castrista, convertida en un hervidero, sin que el propósito de libertad para el sufrido pueblo cubano anime al sector empresarial del exilio cubano y nativos estadounidenses, respectivamente, en su afán de hacer inversiones en la isla.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de febrero de 2016, 11:57 a. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Necrofilia ideológica."