MANUEL C. DÍAZ: El arte fugaz del hotel Havana Hilton
En enero de 1958 comenzaron a adosar la cerámica en la fachada principal del Havana Hilton Hotel, en El Vedado. Lo hicieron con cuidado; poco a poco y de izquierda a derecha. Primero, los obreros cementaban una parte de la pared y después iban fijando en ella, en el mismo orden en que venían empacados, grandes paños cuadrados de vidriosas teselas color azul cielo sobre las cuales, entre una variada gama de tonalidades celestes, podían verse ondulados trazos en blanco y negro. Era como armar un rompecabezas. Con cada pieza colocada surgían nuevas y estilizadas figuras geométricas: rectángulos, rombos, triángulos, líneas y curvas; muchas semejaban frutas; otras parecían abanicos abiertos entre los marcos de vitrales antiguos.
Dos semanas después, cuando ya casi toda la pared estaba cubierta por la cerámica, uno de los albañiles, que no acertaba a comprender aquel acertijo pictórico, le preguntó al que dirigía los trabajos: “Pero ¿qué cosa es esto?” La respuesta fue: “Es el mural de Amelia”. Supuso que eso contestaba la pregunta y siguió revisando unos planos.
Desde luego, no la contestaba. La mayoría de los que allí trabajábamos no sabíamos quién era Amelia Peláez. Mucho menos que el gigantesco mural (medía 60 metros de largo por 10 de alto) se titulase Frutas cubanas. Lo supimos, claro, después. El hotel estaba a punto de ser inaugurado y numerosos toques finales eran de carácter artístico: fuentes, esculturas, pinturas y murales. Para muchos de nosotros, aquel primer contacto con el arte nos abrió las puertas de un mundo desconocido. Por ejemplo, en el segundo piso, en una de las paredes del Antilles Bar (una generación de habaneros lo conoció más tarde como “las cañitas del Habana Libre”), descubrimos asombrados la belleza de unas terracotas de Portocarrero que, en concordancia con la decoración del lugar, habían sido bautizadas acertadamente como Historia de las Antillas por el propio artista.
En ese mismo piso pudimos admirar, aunque no entendiésemos sus caprichosas figuras, un inmenso óleo de Wifredo Lam que colgaba en la entrada del casino. En el centro del lobby, emergiendo de una fuente y rodeada de plantas tropicales, una escultura metálica de Rita Longa llamada La Clepsidra dominaba todo el espacio. Otro mural de cerámica adornaba la esquina donde convergían las calles 23 y M, frente al edificio de la CMQ por un lado y a la funeraria Caballero por el otro. Era de Cundo Bermúdez y sobre un mar de esmeralda, encapsulados en burbujas, flotaban extraños peces de color ocre.
Había obras de arte en todos los rincones del Hilton, pero ninguna como “el mural de Amelia”. Ahí estuvo, para asombro de los habaneros que pasaban frente al hotel, hasta el día en que una de sus esquinas, la que estaba sobre una sección de la piscina, fue desprendida de la pared por el viento de cuaresma y cayó sobre Zita Coalla, una conocida bailarina de Tropicana que tomaba el sol junto a su novio. Ambos quedaron casi sepultados bajo los pedazos de cemento seco y sangrando por las cortaduras de los filosos cristales de la cerámica. Los dos murieron más tarde en el hospital. Era el Viernes Santo del año 1960.
Ese accidente selló el destino del mural de Amelia pues, por el peligro que representaba, fue enseguida removido y sustituido por una capa de pintura azul. Dos meses después, el Havana Hilton Hotel fue nacionalizado. La historia ya la conocemos. Al poco tiempo, una a una, las otras obras de arte fueron desapareciendo: el óleo de Lam fue descolgado de la pared del casino y jamás lo volvimos a ver; el mural de Cundo, junto con sus burbujas y peces ocres, fue desmontado por secciones y terminó siendo olvidado para siempre. La escultura de Rita Longo también desapareció. Igual que el nombre del hotel que, desde aquel día, pasó a llamarse Habana Libre. En el letrero lumínico del último piso sustituyeron la palabra Hilton por Libre, pero el resplandor de las letras, por alguna misteriosa razón, era diferente. En las noches, el neón azul de la palabra Habana brillaba en la altura. A su lado, la palabra Libre palidecía.
Escritor cubano residente en el sur de la Florida
manuelcdiaz@comcast.net
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de marzo de 2016, 4:17 a. m. with the headline "MANUEL C. DÍAZ: El arte fugaz del hotel Havana Hilton."