Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

El viaje de Obama a Cuba

Una bandera estadounidense ondea en un bicitaxi en La Habana, el lunes pasado, a pocos días de la visita del presidente norteamericano Barack Obama. Una delegación de 23 miembros del Congreso de EEUU se unirá a Obama en su visita a la isla, el 21 y el 22 de marzo.
Una bandera estadounidense ondea en un bicitaxi en La Habana, el lunes pasado, a pocos días de la visita del presidente norteamericano Barack Obama. Una delegación de 23 miembros del Congreso de EEUU se unirá a Obama en su visita a la isla, el 21 y el 22 de marzo. EFE

Por primera vez en 80 años un presidente americano visitará Cuba con el objetivo de lograr lo que diez de sus predecesores no pudieron lograr: normalizar las relaciones entre dos vecinos incómodos

Después de más de medio siglo de duras e inútiles hostilidades entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, el presidente Barack Obama visitará la isla caribeña la próxima semana en un intento por salvaguardar los intereses y valores de los Estados Unidos, y para invitar al pueblo cubano a construir una relación más sana entre ambos países. Cambiar el tenor antagonista de la relación no será fácil pero tampoco puede dilatar mucho. Este es el último año de la presidencia de Obama y las autoridades cubanas deben responder positivamente a sus propuestas o su esfuerzo en solitario fracasará.

“Obama piensa”, me dice Peter Hakim, presidente emérito del think tank de Washington D. C., El Diálogo Interamericano, “que con paciencia y buena voluntad el cambio en Cuba tiene mayores probabilidades de éxito que el aislamiento. Además, Obama también ha renunciado a todo instrumento coercitivo para forzar el cambio pero sabe que las autoridades cubanas deben ceder un poco en temas como los derechos humanos, el acceso a la información, y la apertura económica”.

Hasta ahora, el gobierno cubano se ha resistido a cualquier cambio y a relajar su control político en la isla. En cuanto a los derechos humanos, los cubanos dicen que EEUU no tiene autorización moral para discutir el tema mientras mantenga una prisión en Guantánamo donde los prisioneros están en cautiverio sin que se les presenten cargos ni se les enjuicie. “Sí”, me dice Hakim, “Guantánamo es una mancha en EEUU, pero no sobre Obama, quien, por lo menos, ha estado presionando para que se cierre la prisión”.

Pero, “tan horrible y moralmente repugnante como Guantánamo ha sido”, me dice Christopher Sabatini, profesor en la Universidad de Columbia, y director de Global Americans, “esto es diferente a negar sistemáticamente a 11 millones de sus propios ciudadanos los derechos fundamentales de la libertad de asociación y expresión”. Pero el tema de los derechos humanos no es el único problema de la visita, Obama quiere hablar con el pueblo cubano y mantener una reunión con los disidentes políticos, los cubanos dicen que sí pero que ellos decidirán con qué miembros de la “sociedad civil cubana real” se puede reunir.

El problema aquí es que François Hollande, el papa Francisco, todos los presidentes de América Latina y otros dignatarios que han visitado la isla no se han reunido con “disidentes”. ¿Por qué, le pregunto al profesor Sabatini, hacer una excepción con Obama? “Porque”, me responde, “hay más de 2 millones de cubanos y cubanoamericanos que viven en EEUU, y en las dos últimas décadas nuestra política hacia la región se ha orientado hacia la promoción de la democracia y los derechos humanos. No cumplir con esta demanda sería abandonar los principios de EEUU”.

Y este es, creo yo, el quid de la cuestión. Para EEUU, la política hacia Cuba es casi un asunto de política interna mientras que los cubanos piensan que esta percepción es una violación de su soberanía y demandan “respeto mutuo”, es decir, que EEUU debe abandonar cualquier pretensión de alterar la naturaleza del régimen.

Mientras tanto la expectativa ante la visita crece y respetados académicos como William LeoGrande y Peter Kornbluh han calificado el viaje de Obama a La Habana de “histórico” comparándolo con el viaje de Nixon a China en 1975. ¿Crees tú que la comparación es justa? le pregunto a Hakim. “No”, me responde, “la reconciliación con Cuba es importante, pero la visita de Obama a Cuba no implica un cambio en la política mundial, ni siquiera en la política hemisférica. La región sigue siendo irrelevante en el escenario mundial”.

No obstante, hay que aplaudirle a Obama su intento por revertir una política fallida que se ha prolongado más de medio siglo. La próxima semana, por primera vez en 80 años un presidente americano visitará Cuba con el objetivo de lograr lo que diez de sus predecesores no pudieron lograr: normalizar las relaciones con un vecino incómodo.

Y una cosa es segura. Contrario al tono reverencial y el fanático deseo con el que la mayoría de los presidentes latinoamericanos buscan fotografiarse con Fidel Castro, Obama hará todo lo posible para evitar retratarse con el dictador más antiguo del hemisferio.

Periodista de Los Angeles, colaborador en periódicos y revistas de Estados Unidos y América Latina.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de marzo de 2016, 0:37 p. m. with the headline "El viaje de Obama a Cuba."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA