Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

Cuba: recordando el pasado

Hoy no me queda otro remedio que recordar el pasado, 1978 para ser preciso.

Ese fue el año en que pude ir a Cuba dos veces como periodista. El gobierno de Cuba, y en particular Fidel Castro necesitaban la presencia de periodistas del exilio para poder organizar un diálogo entre representantes del exilio y el gobierno cubano.

Como siempre las cosas con Cuba y con Fidel tienen varias intenciones. En agosto de ese año Cuba quería asegurarle al exilio que iba a liberar a 3,600 presos políticos.

El podía hacerlo sólo, sin mucho alarde simplemente abriendo las puertas de sus mazmorras donde tenía guardado a muchos de los más valientes cubanos que desde el comienzo de la revolución habían caído presos.

Pero a Fidel siempre le ha gustado el show.

Entre ellos había muchos parientes y amigos. Entre los que sufrieron más en prisión estaban Andrés Vargas Gómez, nieto del Generalísimo Máximo Gómez y tío de mi mujer; Alfredo Izaguirre, amigo mío de toda una vida; Raoul Alfonso; otro primo; Tomás Fernández Travieso, compañero en la lucha contra Castro.

Había muchos más. Y muchos amigos y conocidos. No los puedo mencionar a todos. Ya que esa vez Castro sí cumplió su promesa y liberó a 3,600 presos.

En aquel entonces ningún periodista del exilio había ido a Cuba. Yo fui uno de los pocos a los cuales invitaron a una conferencia de prensa en agosto y después en septiembre para que pudiera entrevistar a alguno de los presos que iban a liberar.

No fuimos muchos los invitados y menos los que fuimos. Recuerdo las críticas en el exilio. La esposa de un ex primer ministro en Cuba me criticó en una conferencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Le contesté que la labor de un periodista era ir a donde estaba la noticia.

Y que yo estaba dispuesto a ir al infierno a entrevistar al diablo si este se dignaba a dar una entrevista.

Debo admitir que en los pocos días que estuve en Cuba –cuatro o cinco en ambas ocasiones– siempre tuve la impresión de que me estaban vigilando y que si hacía algo que les molestara mucho me apresarían o me expulsarían del país.

Admito que tenía miedo y que por eso forcé al gobierno cubano a que me permitiera viajar con pasaporte americano. Eso me daba cierta tranquilidad.

A pesar de mis temores, en el primer viaje, dos días después que entrevistamos a Castro por varias horas, decidí ir con la hija de un primo preso y un ex preso a la cárcel abierta donde estaba mi primo Raoul.

Allí me presenté sin pedirle permiso a nadie y le dije al capitán a cargo de la prisión: “Mi nombre es Guillermo Martínez. Soy uno de los periodistas que antenoche entrevistamos al compañero Fidel Castro y estoy aquí para ver a mi primo”.

Me sorprendieron al darme la entrada y pude entrevistar a mi primo.

Al regresar al hotel mi “manejadora” –un funcionario del MinRex– me preguntó que había hecho esa mañana. Cuando le respondí el funcionario se puso blanco y dijo: “¿Cómo te atreviste a hacer eso?”

Le dije sin vacilar que ellos me habían dicho que en Cuba nosotros tendríamos la libertad para hacer lo que quisiéramos.

Al mes siguiente me dieron visa antes que a los demás periodistas para que pudiera ir al Combinado del Este a entrevistar a los presos allí recluidos.

En los meses siguientes Castro fue soltando poco a poco a casi todos los presos políticos. Le molestaban y él quería pagarle al presidente Jimmy Carter la apertura de la Sección de Intereses de Cuba en Washington y la de Estados Unidos en La Habana.

Yo quedé satisfecho con mi trabajo. Tengo todavía todas las notas firmadas que salieron en The Miami Herald y en El Miami Herald. De vez en cuando las releo.

Muchas veces desde entonces he pedido permiso a los funcionarios cubanos en Washington para que me permitieran ir a Cuba de nuevo. Nunca me han respondido.

Este fin de semana le toca a otro grupo de periodistas cubanoamericanos. Muchos son amigos. Yo ni siquiera me molesté en pedir visa para ir.

Ya sé de sobra que mis modestas columnas irritan mucho al gobierno cubano y a los cubanoamericanos que están negociando con Cuba.

Siento nostalgia. Me apena no poder ir. Pero tengo la satisfacción de ya haberlo hecho y que si hoy no puedo ir es porque Cuba bien sabe que no estoy de acuerdo con esta falsa apertura.

Periodista cubanoamericano.

Guimar123@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2016, 0:09 p. m. with the headline "Cuba: recordando el pasado."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA