Opinión Sobre Cuba

El discurso fecundo

El presidente Barack Obama pronuncia un discurso en el Gran Teatro de la Habana el lunes 22 de marzo, en el que destacó los valores de la democracia y la libertad de expresión.
El presidente Barack Obama pronuncia un discurso en el Gran Teatro de la Habana el lunes 22 de marzo, en el que destacó los valores de la democracia y la libertad de expresión. AFP/Getty Images

Ha quedado definitivamente plasmado para la historia, el memorable discurso del primer presidente estadounidense en visitar a Cuba en 88 años. “He venido aquí para enterrar el último resquicio de la Guerra Fría en el continente americano. He venido aquí para extender una mano de amistad al pueblo cubano”, dijo Barack Obama.

En este discurso Obama afirmó que había hecho un llamado al Congreso para que el embargo sea levantado, pero criticó las trabas impuestas por la propia dirigencia cubana a la que muchos de nosotros hemos calificado de “embargo interno”. Manifestó que “aunque levantáramos el embargo mañana, los cubanos no podrían alcanzar su potencial sin hacer los cambios necesarios aquí, en Cuba”. Y citó los obstáculos para abrir un negocio en Cuba, la política de doble moneda, el control por el Estado de la mano de obra en las compañías que invierten en el país, y las limitaciones en el acceso de la población a internet.

Aseguró al gobierno cubano que Estados Unidos no tiene intención de imponerle su modelo a Cuba, que no debe temer a Estados Unidos, con lo cual desactiva definitivamente el tan manido recurso de la dirigencia cubana de usar el clima de plaza sitiada para justificar los actos represivos y la violación de los derechos civiles. Esto no significa, como han interpretado algunos comentaristas cubanoamericanos de los dos extremos, renunciar a exigir al gobierno cubano el respeto de esos derechos, porque estos no son dones concedidos por ningún gobierno sino bienes naturales con los cuales se nace, y constituyen una exigencia universal por sobre todos los modelos “Creo que los ciudadanos deben ser libres de expresar sus ideas sin temor, de organizarse, de criticar a sus gobernantes, de protestar pacíficamente, y que las leyes no deben incluir detenciones de quienes ejerzan ese derecho”. Estas palabras, pronunciadas por la televisión nacional para todo el pueblo cubano por una personalidad tan admirada por la población –algo evidente por la entusiasta acogida a su paso en cada momento por las calles de La Habana–, no pueden dejar de tener consecuencias, pues está señalando justamente aquellos derechos que más se violan en Cuba y al mismo tiempo, lo que ese pueblo debe hacer para conquistar sus libertades.

“El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”, dijo y aclaró que no sólo se refería a aquella parte de la ciudadanía que aparenta mantener una posición de apoyo al régimen al exhortar a esos dirigentes que “no deben temer las voces diferentes del pueblo cubano”. Agregó que la prosperidad sustentable en el siglo XXI no sólo depende de la educación, la sanidad y la protección del medio ambiente, sino también del intercambio libre y abierto de las ideas.

Y todas estas cosas fueron dichas amablemente, apuntalando sus afirmaciones con citas de José Martí, y reconociendo, a la vez, las deficiencias de la democracia estadounidense, pero siempre dejando en claro que la democracia es el camino del mejoramiento. Como prueba, se puso él mismo como ejemplo, un presidente negro y mencionando, entre los candidatos de esta campaña, a una mujer, un socialista y dos cubanoamericanos. Fue un discurso reconciliador y no sólo para los dos gobiernos sino para todos los cubanos. “El reconocimiento de una humanidad común, la reconciliación de las personas unidas por lazos de sangre y una creencia del uno en el otro –ahí es donde comienza el progreso. Entendiendo, escuchando, y perdonando”. Y habló de los dolores de los exiliados y su amor por Cuba. “La reconciliación de los cubanos –los hijos y nietos de la revolución, y los hijos y nietos del exilio– es fundamental para el futuro de Cuba”.

Puede que, como dicen algunos, ninguna dictadura se democratiza haciéndole concesiones, pero Obama sabe que lo importante no es tanto si la dirigencia cubana corresponde o no con los pasos dados por su administración, sino si mensajes como el suyo iluminan la conciencia de los gobernados, si las semillas que regó, aunque muchas caigan en tierra árida, otras muchas germinarán en terreno fecundo, sobre todo en las nuevas generaciones que en definitiva, serán el motor de los cambios decisivos.

Escritor e historiador.

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