Cuba: todo bajo control
La última vez que coincidí con el poeta Rafael Alcides, fue poco antes de escapar de la isla vía México hacia los Estados Unidos. Estábamos en una de esas enormes colas, bajo el sol, para degustar la, por entonces, novedad gastronómica del régimen, suerte de hamburguesa, que la sabiduría popular inmediatamente bautizó como McCastro.
El rostro del escritor era de pocos amigos y aquel nuevo invento “comestible” del país que no necesita de la ayuda imperialista, según ha reiterado el anciano dictador, era una suerte de inmundicia grisácea, apresurada, en un pan desangelado de sabor indescifrable.
Luego, durante los años duros del llamado período especial, para adquirir una McCastro se entregaban en los Comités de Defensa de la Revolución unos cupones a los cederistas destacados.
He visto otra vez al poeta Alcides en una serie de cinco cortos (https://www.youtube.com/watch?v=JzM9bmIQs9g), de pocos minutos de duración, que son el resultado de una entrevista de cuatro horas que le realizara el distinguido cineasta Miguel Coyula en La Habana.
También ha sido noticia local cuando recibió el Premio de Literatura Gastón Baquero que concede la organización Neo Club Press y, eventualmente, el gobierno de los Estados Unidos no le concedió la visa para que fuera agasajado en Miami.
Alcides es un intelectual digno que se esperanzó con el proceso acontecido en Cuba después de 1959, pero que luego se fue desilusionando como tantos otros. En vez de tomar el camino del exilio, en el año 2014 devolvió una medalla conmemorativa que le había entregado la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y renunció a la organización en carta abierta dirigida a Miguel Barnet, su presidente. Los libros que ha escrito ya no se publican en la isla, ni dejan entrar los que se imprimen en otros países.
Ahora es un “no persona”, tanto para las instituciones culturales del régimen, como para sus antiguos congéneres, escritores que alguna vez estuvieron en desgracia por razones políticas o de preferencia sexual y religiosa y hoy, como explica Alcides en uno de los documentales de Coyula, le tiran besitos arrobados a los causantes de tantos desagravios.
Con la reciente visita del presidente de los Estados Unidos a Cuba se ha hecho obvio cuan desmantelada y diezmada se encuentra la intelectualidad cubana cuando ni siquiera sus representantes oficiales fueron considerados para los eventos que rodearon al mandatario, si se exceptúa al Historiador de la Ciudad, quien lo guió por su escenografía turística de la Habana Vieja, y la anciana Alicia Alonso, supuesta anfitriona de su memorable discurso en el teatro que hoy lleva el nombre de la bailarina invidente.
Ciertamente los escritores y artistas están sumamente ocupados tramitando invitaciones con universidades y organizaciones culturales americanas para poder viajar gratis y tomar una necesaria bocanada de aire fresco.
Aterrizan aquí y antes de leer poemas o colgar cuadros se asombran de la limpieza y el orden de las ciudades, en contraste con la desvencijada finca de los Castro –como la llama Alcides–, donde los Rolling Stones todavía no habían tomado su avión de regreso y ya el pueblo vagaba por los puestos de vianda esperanzado con la llegada de las papas, según me cuenta un amigo.
Recientemente se reunió la presidencia de la sección literaria de la UNEAC. Imploraron por más conexiones con la Internet, al mismo tiempo que se alistaban para celebrar el 55 aniversario de las palabras de Fidel Castro a los intelectuales donde quedó asentado el yugo como política cultural (“dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”), además del 90 cumpleaños del siniestro creador del cepo.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de abril de 2016, 11:42 a. m. with the headline "Cuba: todo bajo control."