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Opinión Sobre Cuba

JOSÉ AZEL: La historia se repite

Era 1878, y los cubanos habían estado durante casi diez años combatiendo por la independencia contra las fuerzas coloniales españolas. Exhaustos por la larga lucha, y frustrados por las rivalidades entre los líderes rebeldes, un exasperado general Máximo Gómez y otros líderes insurgentes finalmente capitularon ante las fuerzas españolas, firmando un acuerdo de paz conocido como el Pacto del Zanjón.

El gobernador militar español Martínez Campos había explotado hábilmente las rivalidades de los líderes rebeldes cubanos. Había reemplazado el lenguaje intransigente con un tono conciliador y ofrecido indemnizaciones y otros privilegios a quienes abandonaran la lucha y firmaran el acuerdo. En el papel, el Pacto del Zanjón ofrecía a la Isla de Cuba algunas concesiones menores, pero los dos objetivos fundamentales de la guerra, la independencia y la abolición de la esclavitud, no fueron alcanzados, y pronto resultó claro que las reformas prometidas por España no serían inmediatas.

Sin embargo, un guerrero rebelde rehusó capitular. El general Antonio Maceo sostuvo una histórica reunión con Martínez Campos, insistiendo en la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud. En esta reunión, conocida en la historia de Cuba como “La Protesta de Baraguá”, las peticiones de Maceo fueron rechazadas, y el general cubano continuó su lucha por la libertad.

Maceo no podía aceptar que bajo el Pacto del Zanjón se les garantizara la libertad solamente a los esclavos que habían participado en la sublevación. Él quería que todos los esclavos fueran liberados. En un famoso intercambio de palabras con que terminó la reunión de Baraguá, el Capitán General español reprochó a Maceo diciéndole: “Entonces, nosotros no nos entendemos”. A lo cual el digno guerrero respondió: “No, no nos entendemos”.

Finalmente, este guerrero por la libertad aceptó el hecho de que la primera guerra por la independencia había colapsado, y embarcó hacia Jamaica para un largo exilio. Los cubanos necesitarían 17 años más, y el liderazgo de José Martí, antes que una nueva guerra de independencia pudiera ser lanzada en 1895. El general Maceo una vez más se uniría a la lucha, y daría su vida en combate en esa nueva guerra.

Saltemos hasta el presente y consideremos esas anécdotas de la historia de Cuba a la luz de la decisión del presidente Obama de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y consiguientemente legitimar al régimen opresor de los cubanos y, a todos los efectos, ratificarlo como aceptable.

Como sucedió en 1878, en esta nueva versión del Pacto del Zanjón, algunos cubanos agotados por 56 años de lucha sucumbirán al cansancio y la melancolía y aceptarán un armisticio que se queda vergonzosamente corto de los objetivos de una Cuba libre y democrática. Pero habrá también una nueva Protesta de Baraguá con algunos Antonio Maceo que continuarán la ahora quijotesca lucha por la libertad.

El anuncio de Cuba y Estados Unidos de normalizar las relaciones no tiene sus raíces en la libertad, sino en una forma de determinismo económico y relativismo moral enmascarado como pragmatismo. El acuerdo se basa en la creencia de que relaciones diplomáticas y una dosis de capitalismo llevarán a cambios políticos en Cuba. Esa es una premisa que suena muy razonable para el espíritu estadounidense. Lamentablemente, la evidencia empírica contra ese reclamo es ostensible, y la premisa indiscutiblemente falsa.

China y Vietnam introdujeron profundas reformas económicas en 1978 y 1986 respectivamente. Hoy, ambos países son significativamente más ricos, un hecho que habla de los beneficios del capitalismo. Y sin embargo, a pesar de décadas de cambios económicos y relaciones diplomáticas, la represión continua y ninguno de los dos países se han movido a ofrecer a sus ciudadanos derechos políticos. Tratando con regímenes totalitarios, la teoría de que el mejoramiento en las condiciones materiales lleva a la gobernabilidad democrática es demostrablemente infundada.

El período entre guerras de 1878 a 1895 fue un período de confusión y desorden, con una variedad de modelos políticos emergiendo entre los cubanos, desde la independencia hasta la anexión, pasando por diferentes vías de acomodarse a las reglas españolas. Y así será en el nuevo interregno.

Un gran pensador cubano de su generación, Enrique José Varona, hizo un señalamiento conmovedor con referencia al período posterior al tratado de paz del Zanjón: “Un ideal vencido no se sustituye ni inmediata, ni fácilmente…Hay siempre un periodo de transición en que las miradas de un pueblo parecen internarse solo en las tinieblas…Van sus hijos, casi a la ventura, como grupos de peregrinos, en soledades no exploradas, marcándose a lo lejos un punto de cita común, al que no saben si jamás llegaran”.

Por ahora, no nos entendemos ya que la aspiración de nuestros Maceo no es oportunidades económicas; es la libertad. Eventualmente desaparecerán las tinieblas, y prevalecerá el ideal de la libertad.

Profesor Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, y autor del libro Mañana in Cuba.

jazel@miami.edu

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de enero de 2015, 8:00 p. m. with the headline "JOSÉ AZEL: La historia se repite."

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