Opinión Sobre Cuba

RAMÓN A. MESTRE: ¿El climaterio de la Ley de Ajuste?

Las sandeces e inexactitudes que se han escrito sobre la llamada Ley de Ajuste Cubano (CAA por sus siglas en inglés) llenarían una enciclopedia del error. Así, en estos días de escarceos cariñosos entre la mara de los Castro y el gobierno de los Estados Unidos, algunos comentaristas distorsionan el alcance y la sustancia de la ley. O dan una errada voz de alarma advirtiendo que el Presidente Barack Obama está a punto de derogar el adjustment act a fin de echarle otro buqué de gardenias a Raúl Castro.

Quizás los alarmistas ignoran que sólo el Congreso federal puede derogar esta ley. En el 2006 lo intentó sin mucha suerte el demócrata Barney Frank, ex representante de un distrito del estado de Massachusetts.

Lo que Obama sí pudiese intentar es un cambio en la aplicación del CAA. Por ejemplo, comunicándole al Fiscal General (dotado según el estatuto con la autoridad para “ajustar” a los solicitantes cubanos) y al Secretario del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security, DHS por sus siglas en inglés), el máximo jefe del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) que en lo sucesivo ICE no admitirá ni le concederá la condición de “parolee” a cubanos ciudadanos de países latinoamericanos y europeos. El Presidente pudiese tomar este paso hipotético porque, a diferencia de lo que creen muchas personas que conozco (y otras que no conozco que desmontan la ley en los medios) el Cuban Adjustment Act (CAA) no obliga a ICE a darle entrada (“inspeccionar” y “admitir” de acuerdo al lenguaje del estatuto) a todos los cubanos que se presentan en puestos fronterizos estadounidenses o en oficinas del Departamento de Inmigración. Tiene la opción de negarles la entrada, devolverlos al país de procedencia, detenerlos en los mismos reclusorios donde el gobierno alberga a otros indocumentados. El “ajuste” siempre ha sido una prerrogativa del Fiscal General. Queda a su discreción, como reza la ley. Claro, en la práctica ICE (y sus antecesores) ha admitido, y luego ha ajustado, al 99.9 por ciento de los cubanos que se acogen al CAA. Pero una orden presidencial pudiese alterar esta práctica.

Tampoco es cierto, como le he oído decir a varios opinantes, que el cubano que obtiene la residencia estadounidense por medio de la Ley de Ajuste se convierte en una especie de asilado político. No es así. En parte, por eso muchos pueden regresar a Cuba sin violar absolutamente nada en cuanto obtienen la residencia. Por contraste, los cubanos que solicitan asilo político no lo hacen través del CAA. En general se someten a los mismos requisitos y las mismas leyes que los demás extranjeros solicitantes de asilo político en Estados Unidos. El cubano que se aprovecha de las bondades de la ley de ajuste no tiene que dar fe de su vida en Cuba ni en ninguna parte. El CAA ajusta por igual a esbirros y a las víctimas de esbirros.

La ley fue una indulgencia muy justa de la presidencia de Lyndon B. Johnson. Liberó a miles de cubanos del purgatorio legal que sufrieron en los primeros años del exilio. Antes de la promulgación del Cuban Adjustment Act en 1966, la ley migratoria de Estados Unidos les imponía exigencias irreales a los exiliados cubanos que estaban sin visa en los Estados Unidos. Para legalizar su estatus migratorio tenían que salir del país, presentarse en un consulado estadounidense en el extranjero y solicitar la residencia. Entonces, debían esperar un tiempo interminable fuera de Estados Unidos a que el funcionario consular aprobara la visa. Era una normativa que la inmensa mayoría de los exiliados no podían cumplir pues el refugiado cubano promedio no disponía de los recursos que le permitían salir de Estados Unidos y permanecer en otro país a fin de gestionar la residencia estadounidense.

La Casa Blanca y el Congreso tomaron conciencia de la situación especial de estos exiliados. Determinaron buscar una solución impulsados por las oleadas de cubanos que llegaron en la flotilla de Camarioca y los posteriores vuelos de la libertad. De ahí nace el CAA. ¿Está a punto de fallecer? Los cambios develados por Obama el pasado 17 de diciembre no anuncian necesariamente la muerte de esta ley pero sí pueden marcar el inicio de su climaterio.

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