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Opinión Sobre Cuba

En Cuba, jugar en serio

Niños posan en una calle de Santiago de Cuba en marzo del 2015.
Niños posan en una calle de Santiago de Cuba en marzo del 2015. AP

Recuerdan cuando recibíamos el derecho a comprar juguetes una vez al año en aquel sorteo de Básico, No Básico y Dirigido? En ese momento nos parecía tan injusto porque nunca logramos obtener números bajos para comprar la añorada bicicleta, la maquinita de coser o el camión de los bomberos; pero ahora jugar en Cuba resulta un drama, pues no reparten, venden, ni comercializan juguetes en pesos cubanos.

Pareciera que el tiempo de jugar ha terminado. Pareciera que las autoridades prefieren que sus niños maduren rápidamente. Los abandonan al azar de los adultos, sin tener la simple pero importante experiencia de saborear su infancia.

En Cuba muy pocos padres logran comprar juguetes en CUC y solo algunos pueden heredarlos de algún primo, hermano o amigo que crece, los arrincona, se olvida de ellos o deja el país.

En mi generación los niños solíamos cantar y bailar canciones infantiles de Teresita Fernández o María Elena Walsh. Ahora el reggaetón ha colmado el léxico, los modales y hasta el cuerpo de los niños. El erotismo y la grosería con la que algunos se mueven parece encarnar, como un mal espíritu, los simples trazos de quienes posan para los cientos de videos que existen en internet.

Nosotros tuvimos a Elpidio Valdés y los muñequitos rusos, los cumpleaños colectivos, los círculos de interés y las bandas de música.

Una vez al año viajábamos a campamentos de pioneros para pasar temporadas al borde de hermosas playas. En las instalaciones que ocupaban estos proyectos sociales el panorama ha cambiado de golpe. “Tarará” y El Campamento Internacional de Pioneros “26 de Julio” de Varadero reciben hoy a turistas o técnicos extranjeros de todas partes del mundo.

El Cinecito, el Cine Pionero y la mayoría de las salas de teatro guiñol del país han cerrado. Las series infantiles, aquellas en las que yo misma actué para niños y adolescentes décadas atrás, se extinguieron.

En los departamentos juveniles de las bibliotecas provinciales encontrábamos maravillosas colecciones de primeras lecturas. Las escritoras Dora Alonso y Nersys Felipe intercambiaban sus experiencias con nosotros, los entonces pequeños lectores.

Se lanzaban concursos para fomentar la creatividad y el conocimiento. Recuerdo a Eliseo Diego leyéndonos –traduciéndonos en voz alta a Charles Dickens– y Alga Marina Elizagaray organizando números especiales sobre literatura infantil escrita por niños para editarnos luego en importantes revistas nacionales. En el Parque Lenin solíamos volar por los aires en aquella rústica Montaña Rusa, comer chocolates soviéticos y almorzar con nuestros padres en sus establecimientos cubiertos de helechos arborescentes, y lo mejor… todo aquello era en pesos cubanos. Coleccionábamos sellos y pintábamos acuarelas fantaseando sobre “Cómo viviré en el año 2000”.

Es el 2016, aquí van los niños recomponiendo una vieja chivichana, escuchando a los padres decirles que no hay cómo ni con qué comprar juguetes, ni siquiera merienda para el día siguiente porque todo en este país se vende en otra moneda.

Los padres, los abuelos, la familia toda se pregunta delante de los propios niños ¿Con qué dinero van a adquirir la mochila, las libretas y los zapatos nuevos para iniciar el curso en septiembre? ¿Cuándo lo venderán en pesos cubanos?

Los muchachos escuchan, hacen una mueca y siguen de largo, saltan la tapia, se bañan en los aguaceros, viajan enganchados en los carros, sorteando la realidad, tumbando mangos y nadando entre las rocas de la costa. Allí van, tratando de no pensar demasiado en lo que los espera, surfeando su realidad, postergando los problemas y los padres.

¿Cómo serán estos mismos niños cuando dejen de ser pioneros y decidan pasarle la cuenta a una sociedad que se desentendió de ellos desarmando a sus padres, imposibilitándoles de una remuneración decente?

En mi diario de vida el tiempo de jugar era tan importante como crecer. En mi diario de infancia nada de aquello que vivimos parecía suficiente.

La infancia parece ser esa etapa que hay que pasar rápidamente, ese lugar donde te das cuenta que tus padres son también niños que te preguntan qué hacer pero aun no puedes ayudarlos porque, eres solo un niño.

Escritora. Reside en Cuba

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2016, 5:42 a. m. with the headline "En Cuba, jugar en serio."

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