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Opinión Sobre Cuba

Historia de dos ciudades

Un grupo de invitados asiste al desfile de modelos de Chanel que exhiben atuendos del diseñador Karl Lagerfeld en el Paseo del Prado, en el corazón de La Habana, el 3 de mayo.
Un grupo de invitados asiste al desfile de modelos de Chanel que exhiben atuendos del diseñador Karl Lagerfeld en el Paseo del Prado, en el corazón de La Habana, el 3 de mayo. AP

Esta columna no pretende evocar la célebre novela de Charles Dickens Historia de dos ciudades, según la cual “el que por la noche ejercía de bandolero, actuaba de día de honrado mercader en la ciudad”. Aquí vamos a incursionar por las dos ciudades que hoy representan a La Habana, aquella capital de la isla, que fue conocida como el París de América.

En el espectáculo que produjo la exhibición de Chanel en el Paseo del Prado habanero, luego de haber sido acondicionada esa zona, donde era habitual ver a indigentes pernoctar y marco de otros escenarios nada atractivos, se pudo observar por las imágenes tomadas que fue acordonada por la fuerza policial, sin que el pueblo de a pie pudiera tener acceso a la misma, sino desde los calamitosos balcones de los edificios aledaños, en los cuales las familias apiñadas y desprovistos los hombres de camisas, contemplaban ese ruedo y a las caminantes modelos, con pasos casi de gacelas asustadas, algunas de las cuales mostraban una gorra negra representando al Che Guevara.

Para nadie es un secreto que quienes visitan la isla y, en particular, La Habana, dan la impresión de que desconocen la historia y el estado de esa parte de la ciudad donde reside un pueblo expuesto no solo a las penurias que les causa el inefable régimen castrista, sino también a perder la vida con los frecuentes derrumbes de edificios donde se aglutinan las familias que padecen la privación de agua potable y elementales comodidades por imperativo de las condiciones técnicoconstructivas deplorables de dichos edificios, como el reciente caso del ubicado en Villegas #5, Habana Vieja, zona a la cual no ha llegado la mano restauradora del Historiador de la Ciudad y, por ende, de quienes tienen la posibilidad de hacerlo.

La historia de los derrumbes e inundaciones es bien conocida para quienes la sufren, pero los visitantes convertidos en turistas transitan por la parte de la otra ciudad, la de los hoteles cinco estrellas, de los suculentos paladares, de los lugares de atracción para el veraneo y, por supuesto, viajan en ómnibus modernos con todas las condiciones agradables, a diferencia del transporte urbano, donde los usuarios padecen de los empujones, empellones, griterío, frenazos y agarraderas para no perder el equilibro dentro del vehículo y la ansiedad de poder trasladarse de un lugar a otro, incluyendo a los destinos donde radican los centros de salud.

Se ha dicho que cuando se abrió la caja de Pandora, solo quedó en el fondo la esperanza, y esa es la que actualmente constituye la divisa del cubano de a pie, porque no existen señales reales de que el régimen transforme su lineamiento político y económico para que se produzca un cambio y comience una nueva era en la isla, y esa esperanza –poco a poco– vaya moldeando un horizonte de perspectivas con un destino de satisfacciones materiales en todos los órdenes del quehacer del pueblo.

Es ilusorio aferrarse a la creencia de solucionar el problema cubano con inversiones en la isla por quienes desde esta orilla abogan por ese derrotero, pues no existen condiciones jurídicas apropiadas para ello y, en todo caso, se sabe que el llamado “sector empresarial” que el régimen ha tolerado, nada tiene que ver con las reales relaciones de producción, en el que se destaca el papel de la empresa privada seria, no de limpiabotas o timbiriches que nada representan en el marco de la producción de bienes materiales.

Es posible que vengan otros espectáculos al estilo de Chanel, pero resulta paradójico que tales shows no puedan ser presenciados –vis a vis– por el pueblo y mucho menos tener acceso a los productos exhibidos, dada sus condiciones de pobreza. ¿Qué significa entonces una exhibición tan ruidosa en un país manejado por una dictadura?

Quien está capitalizando todo este jolgorio de exhibiciones, filmaciones y visiteo, es el régimen castrista, que obtiene pingües ganancias y fortalece su aparato represivo, mientras todo aquel que alce su voz de protesta, como lo vienen haciendo la oposición y las Damas de Blanco, son víctimas de los atropellos policiales. No en balde la capital de la isla es una ciudad con dos historias antagónicas.

Abogado cubano. Reside en Miami.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de mayo de 2016, 5:43 p. m. with the headline "Historia de dos ciudades."

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