ALEJANDRO RÍOS: Piratas del Caribe
Un amigo que regresa de Cuba, luego de una visita familiar, me pregunta si quiero ver Vestido de novia, uno de los más recientes filmes estrenados en Cuba, de hecho, el premio de la popularidad durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el pasado mes de diciembre.
Le pregunté cómo se había hecho de la copia, si no era muy comprometedor revelarlo, y me dijo que no había intriga alguna. Estaba con su hermano desandando La Habana y al entrar en la otrora famosa tienda por departamentos Fin de Siglo, hoy una suerte de zoco caluroso con decenas de vendedores de chucherías, cierto cuentapropista se le acercó para venderle la película por dos CUC.
La idea original de Vestido de novia, dirigida por Marilyn Solaya, parte de su documental En el cuerpo equivocado (2010), sobre el primer hombre sometido a una operación de reasignación de sexo durante el castrismo.
Últimamente, la abúlica burocracia cultural del régimen le ha dado por ningunear los reclamos de los cineastas, que antes integraron una suerte de elite resguardada de incitaciones represivas.
La solicitud de una Ley de Cine ha permanecido a la sombra, sin repercusión en la prensa, ni respuesta convincente y circunscrita al grupo de gente vinculada al séptimo arte que recibe la denominación de G-20.
Ahora Marilyn Solaya ha dado a conocer una contundente carta abierta a las mismas instancias oficiales porque su filme ha sido subido a YouTube, con todos los inconvenientes que eso acarrea, luego de que ella protegiera las copias con ahínco durante las proyecciones, antes de que fueran del domino del Instituto de Cine (ICAIC) para postproducción, donde se presume que terminaron siendo pirateadas.
El blog del crítico de cine e investigador Juan Antonio García Borrero –La Pupila Insomne– abrió un foro con la misiva de Solaya y las de otros cineastas cubanos quejándose de lo desprotegidos que se sienten ante estas y otras eventualidades de la vida moderna con la cual no pueden lidiar por no estar conectados al mundo real.
El comienzo del pirateo oficial en Cuba se remonta, sin embargo, a los años ochenta cuando el Ministerio del Interior tramitó, en secreto, un centro en la barriada de Miramar, llamado Omnivideo, que cada semana producía cientos de copias de cintas en VHS, con filmes norteamericanos de reciente estreno subtitulados al español, para ser vendidos en Latinoamérica. Muchas de las películas originales llegaban a la isla en valija diplomática o eran bajadas vía satélite.
Gracias al diligente servicio de la policía política algunas de esas copias caían en manos de indiscretos intermediarios y nosotros, cinéfilos empedernidos, podíamos estar al tanto de lo que ocurría en Hollywood.
Los tiempos han cambiado, pero el castrismo sigue por sus fueros y ha incubado en su turbio seno males de la contemporaneidad difíciles de erradicar. Entre los llamados “paquetes” con producciones norteamericanas, europeas y hasta cubanas de cine y televisión, libres de retribución por derechos de autor, y vendedores callejeros de DVD con filmes recientes, como los hay en ciertas esquinas de Miami, es difícil que una Ley de Cine proteja a los artistas de un régimen más preocupado por su supervivencia.
Actualmente, si la propia televisión cubana y los circuitos de distribución cinematográfica dejaran de incluir obras pirateadas en sus programaciones, los cubanos humildes, sin alternativas, se hundirían en el más profundo aburrimiento.
Esta semana el ICAIC ha decidido estrenar Vestido de novia nacionalmente. Aparecen comentarios elogiosos y entrevistas con los participantes en casi todos los medios electrónicos. En ninguno se hace referencia a la carta de protesta de Marilyn Solaya.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de enero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Piratas del Caribe."