ARIEL HIDALGO: Cuatro errores sobre Cuba
A mi juicio, los más importantes errores en los análisis críticos tanto de disidentes como de exiliados cubanos que se oponen a la nueva política del presidente Obama hacia Cuba, pueden resumirse en cuatro:
1) Creer que la Casa Blanca debió exigir al gobierno cubano cambios fundamentales en su política interna como condiciones previas a su política de aperturas, ya que, alegan, éste tratará de obtener lo más posible sin dar nada a cambio. Pero en primer lugar Obama responde a los intereses de Estados Unidos, por lo que la prioridad estará en las relaciones comerciales –y en este punto, por supuesto que la dirigencia cubana tendrá que dar en la misma proporción de lo que dé Estados Unidos–, lo cual no significa que Obama no pueda abogar por los principios de los derechos y libertades de los cubanos con mucha más influencia. Segundo, somos los cubanos y no Obama los que debemos exigir y luchar por conquistar esas libertades. Y tercero, lo positivo que para los cubanos amantes de la libertad tiene esta nueva política no es lo que Obama puede obtener sino lo que esos cubanos podrían alcanzar gracias a las condiciones favorables creadas por esa política, algo de lo cual ya hablé ampliamente en un artículo anterior (Ver a Cuba con nuevos ojos, Perspectiva, 8 de enero).
2) Que Obama ha renunciado a la única “pieza de negociación” para exigir cambios a la dirigencia cubana: el embargo. Aunque ningún presidente puede derogarlo, sí puede aplicar una política que atenúe sus efectos. Se parte del presupuesto de que esa dirigencia desea realmente su levantamiento, algo refutado fehacientemente por los hechos, el más evidente de los cuales fue el derribo de las avionetas civiles justo cuando en el Congreso el proyecto-ley Helms-Burton para endurecerlo estaba a punto de ser rechazado de forma aplastante. Nunca se pudo negociar con esa “pieza” porque no se puede vender una mercancía a quien no le conviene comprarla, simplemente porque echaba abajo la armazón de justificaciones de todos sus entuertos políticos y económicos. Aunque aún es posible sabotear las negociaciones, nuevas circunstancias hacen posible que puedan llegar a buen puerto, primero porque el principal partidario de la política del clima de “plaza sitiada” aparentemente no está ya en condiciones para oponerse por razones de salud, y segundo porque ya parece predecible el cercano derrumbe de su más preciado aliado proveedor, sumido en el mayor desastre económico de la historia venezolana, con lo cual la dirigencia cubana se vería en la encrucijada más dramática de sus 56 años de poder.
3) Que Cuba sigue siendo un Estado terrorista. Es evidente que Cuba ya no está en condiciones de financiar incursiones armadas como en el pasado y es de suponer que si en territorio cubano hubiese refugiados con delitos perpetrados en Estados Unidos, este punto no deje de tocarse en las negociaciones.
4) Que la autenticidad de un proyecto de reformas vendría acompañada de una disminución de la hostilidad contra los disidentes, e inversamente, que mayor represión desvirtúa un verdadero proceso aperturista. Nada más lejos de la verdad. Cualquier proceso de cambios genera cierta inestabilidad que hace que el régimen se sienta inseguro, por lo cual reacciona con mayor represión. Aunque las acciones represivas no tienen justificación alguna, se entienden por el temor gubernamental a que las posibles brechas generadas por las concesiones a que se ve forzado, sean aprovechadas por sus adversarios políticos. Sin embargo, las nuevas condiciones permitirán un mayor peso de las campañas internacionales pro derechos humanos y por tanto una mayor protección a los activistas y opositores políticos. Una primera muestra, de entrada, fueron los 38 presos políticos liberados. Pero las más importantes consecuencias de esta política no será en relación a los disidentes, sino la toma de conciencia y las posibilidades que se abren a toda la población, sobre todo a los estudiantes, los intelectuales, artistas, académicos e incluso a muchos que hoy militan en las filas oficiales tanto del Partido como del Gobierno.
Que esta política dé frutos o no a favor de una verdadera aurora de libertad, no depende tanto de Obama ni de Raúl Castro, sino de ti y de mí.
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Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: Cuatro errores sobre Cuba."