Opinión Sobre Cuba

La interminable odisea del pueblo cubano

Al desmembrarse en el año 1989 el imperio soviético en la Europa Oriental, los cubanos exiliados nos regocijamos inmensamente pensando que la teoría del dominó habría de cumplirse y que pronto la tiranía seudo-comunista de Cuba se desplomaría por su propio peso.

En el folklore popular se hizo famoso el son Ya viene llegando de Willy Chirino y en universidades y centros intelectuales norteamericanos así como en el resto del mundo aparecieron los expertos “cubanólogos”, especialistas aparentemente conocedores de las interioridades más recónditas del régimen, quienes predecían un colapso inminente del tinglado seudo-marxista cubano, el cual se había mantenido por décadas apuntalado solamente por el rublo-billonario subsidio de la Unión Soviética.

Pido disculpas a los lectores por el constante abuso que hago de la palabra “seudo” al referirme a todo tipo de ideología que ha pretendido tener la tiranía castrista durante todas las etapas de este desdichadamente largo período de nuestra historia. La Academia de la Lengua Castellana define la palabra “seudo” como falso y todo lo que ha pretendido ser el tirano y su pandilla está basado en la falsedad, en la disimulación y en la mentira. Es precisamente ese mimetismo, ese camuflaje ideológico lo que ha permitido a esa canallesca banda criminal mantenerse en el poder durante más de cinco interminables décadas. Pero después de la caída del infame Muro de Berlín, hemos visto día a día la frustración perenne de nuestro sueño de ver a nuestra patria libre del yugo opresor. De los lugares menos esperados surgieron países, instituciones y personajes dispuestos a sustituir a la Rusia soviética en el papel de proveedores y sostenedores de la tambaleante satrapía.

Del aporte de la América Latina a este convite infame, no podemos hablar sin sentir un profundo dolor, porque por mucho tiempo compartimos el sueño martiano de considerarla Nuestra América. Las acciones, los pronunciamientos, la ayuda diplomática y económica de la mayoría de los gobiernos de la América Latina a favor del régimen asesino de La Habana, producen indignación y repugnancia en el espíritu de todo cubano digno. Venezuela bajo la bota del fallecido Hugo Chávez le regalaba a su mentor cubano el petróleo venezolano, su sucesor Nicolás Maduro ha seguido con la misma política. Para colmo de todas las infamias, a esa comparsa grotesca, se ha unido un grupo numeroso de granjeros, gobernadores y congresistas americanos, que se aprestan sin el menor escrúpulo a participar del festín.

Hay un hecho que pasa inadvertido para muchos, inclusive para gran parte de nosotros mismos. Todos sabemos el grado de miseria en que estos 57 años de ineptitud, corrupción y maldad han hundido al pueblo cubano, pero pocos conocen que en este largo período el tirano y sus secuaces han acumulado una inmensa fortuna. La revista Forbes calculó la fortuna de Fidel Castro no en millones sino en billones de dólares. Personalmente creemos que los cálculos de la revista están muy por debajo de la realidad, pues el señor Castro en uno de los potentados más ricos del mundo, producto del usufructo de una nación cautiva plena de riquezas naturales la que administraba como su hacienda privada, y de los negocios turbios en que se encuentra envuelto en contubernio con muchos de los líderes, entidades financieras y comerciales de los países citados en el párrafo anterior. A todo esto podemos agregar las remesas familiares y el negocio de los viajes a Cuba, pero sobre todo, el producto de sus conexiones con las narcoguerrillas colombianas y el correspondiente lavado de dinero procedentes de éstas y de las mafias europeas.

Es un secreto a voces que el tirano utiliza esos cuantiosos recursos financieros en sus maquiavélicas aventuras políticas. La más probable es el financiamiento de las campañas electorales de presidentes latinoamericanos de tendencias izquierdistas. El amor filial, la idolatría casi infantil del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez hacia Fidel Castro, quizás estén basadas en la cuantiosa deuda financiera de su campaña electoral. El regalo de vastas cantidades de petróleo sin compensación monetaria, a cambio de dudosos servicios personales de seudo-profesionales cubanos, apuntan claramente a la anterior inferencia. Tampoco es improbable que importantes sumas de dinero se estén empleando en forma encubierta e ilegal para financiar el descomunal esfuerzo de lobby del régimen en tierras norteamericanas.

Pido disculpas por el tono indignado y las frases duras que como una selva en llamas arden en este artículo, pero no puedo evitar cuando hablo de la tragedia de mi patria y el sufrimiento de mi pueblo que ruja en mi pecho una furia incontenible para fustigar con mi verbo, que muchas veces quisiera cambiar como Martí por una “guerra justa y necesaria” para luchar contra aquellos que mantienen a Cuba en la más sangrienta, injusta y vil tiranía que ha conocido el continente. Parafraseando al Apóstol: “Del tirano dí todo, dí más, y clava con furia de mano esclava sobre su oprobio al tirano”. Nuestro señor Jesucristo, cuyo mensaje de amor y perdón a la humanidad fue infinito, no vaciló en tomar el látigo para expulsar a los mercaderes del templo. Para todo cubano digno, la patria debe ser un templo, ese templo ha sido mancillado y ensangrentado mil veces por las sucias botas del tirano. Castigarlo y expulsarlo a él y a su cuadrilla miserable es un deber de todos.

Miembro del Colegio Nacional de Periodistas en el Exilio y de la Unión de Colaboradores de Prensa.

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