Opinión Sobre Cuba

Pánfilo llegó a Miami

El actor cubano Luis Silva, en el papel de Pánfilo, fotografiado afuera del teatro Olympia en Miami.
El actor cubano Luis Silva, en el papel de Pánfilo, fotografiado afuera del teatro Olympia en Miami. cjuste@miamiherald.com

No, no es el Pánfilo que hace unos años tuvo sus quince minutos de fama gritando ebrio en un video: “Aquí lo que hace falta es ‘jama’ ”. De ese pobre cubano ya nadie se acuerda. ¡Quién sabe dónde estará! Este Pánfilo de ahora es un personaje de la televisión cubana que, gracias a la desafortunada participación del presidente Obama en su programa, se dio a conocer en Miami. Todavía muchos recordamos, con vergüenza ajena, cómo el líder del mundo libre hizo el ridículo tratando de parecer gracioso con aquel grosero saludo: “Qué volá, asere”. Alguien debió explicarle la diferencia entre el verdadero humor criollo y la vulgaridad carcelaria. ¡Ah! Y que no todos los cubanos hablan así. Su intención fue buena; pero desacertada.

Sí, Pánfilo -es decir, Luis Silva, el actor que lo interpreta- está en nuestra ciudad. Lo trajo, junto a otros artistas cubanos, la compañía de televisión por satélite DishLatino para participar en el lanzamiento del nuevo canal CubaMax TV que, a partir de ahora, transmitirá programas de la televisión cubana. En el acto, que se celebró en el histórico teatro Olimpia, directores de DishLatino dijeron sentirse “entusiasmados de poder abrir esta ventana al mundo del arte y el entretenimiento en Cuba”. Y al de la propaganda castrista, podríamos añadir. En su lema, aparentemente conciliador, se oculta una provocación: “De la Habana a la Pequeña Habana”. Quizás, si fue creado por los publicistas del canal, ese no haya sido su propósito. Pero les ha resultado muy conveniente a los ideólogos cubanos. Para ellos, es como si nos estuvieran diciendo: “!Cuidado! Ya estamos aquí”.

¡Quién lo hubiese creído! El Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) en el corazón del exilio. Estoy seguro que en el Departamento Ideológico del Comité Central deben estar felices. Y cómo no iban a estarlo si saben que después de los programas de entretenimiento lograrán introducir los de adoctrinamiento. No es que estén apurados. Ahora en Cuba todo es “sin prisas pero sin pausas”. Además, saben que entre un programa y otro no hay mucha diferencia. En un dibujo animado de Elpidio Valdés hay tanta propaganda antiimperialista como en la Mesa Redonda. Una comedia puede ser tan venenosa como un documental de Santiago Álvarez. Hasta en una novela de época se puede distorsionar la historia, tal como hicieron en el serial En silencio ha tenido que ser y en la película El hombre de Maisinicú.

En el Departamento de Inteligencia (DI) también deben estar contentos. Han vuelto a penetrar el exilio sin tener que crear complicadas operaciones encubiertas como aquellas de la Red Avispa, las llamadas “Surco” y “Picada”, concebidas para infiltrar el Comando Sur y la organización de Hermanos al Rescate, respectivamente. Y sobre todo, sin tener que enviar agentes. Que ya bastante les costó la campaña para liberar a los cinco héroes encarcelados en las entrañas del monstruo. Si no hubiese sido por Obama todavía estarían dando mítines en la Tribuna Antiimperialista del Malecón. Sí, los oficiales operativos de la DI, están dichosos. Todo les ha salido a pedir de boca; y dentro de la ley. Las nuevas regulaciones implementadas a partir del restablecimiento de relaciones diplomáticas y que permiten a compañías estadounidenses hacer negocios en el área de las telecomunicaciones con el gobierno cubano, han sido una bendición para ellos.

En realidad, a Cuba no le interesan las ganancias que este acuerdo les genere. Algo que, incluso, todavía está por verse. Es poco probable que CubaMax TV pueda, con los bodrios de los programas cubanos, encontrar un nicho en el competitivo mundo de la televisión en los Estados Unidos. Quién va a querer ver un programa humorístico como Vivir del cuento, donde el tal Pánfilo recurre a chistes que, aunque basados en la cotidianidad de la isla, parecen sacados de la época de Enrique Arredondo, si aquí tenemos ya un Bongo Quiñongo y una Magdalena la Pelúa. Lo que a Cuba realmente le interesa es acabar con el exilio cubano. Demonizarnos a toda costa. Y un canal de televisión que inadvertidamente transmita sus ideas es una de las muchas maneras de hacerlo. No les basta con haberse apoderado, disfrazados como conferencistas, intelectuales, pintores, escultores y bongoseros, de todos los espacios posibles. Todavía quieren más. Es decir: adueñarse de nuestra ciudad. Me pregunto si nuestra resistencia será suficiente para evitar que lo logren. A veces creo que no.

Escritor cubano residente en el sur de la Florida

manuelcdiaz@comcast.net

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