Razones para escapar
En la película china Coming Home, que transcurre durante el nefasto período de la llamada Revolución Cultural, cierto opositor intelectual lleva diez años en una remota prisión, separado de su esposa y su hija. La mujer es maestra y la muchacha bailarina.
Cierto día el padre se fuga y durante un dramático y momentáneo reencuentro con su esposa en un andén de trenes, observado a cierta distancia por la hija, espantada ante las consecuencias que la rebeldía de sus padres pueda ocasionarle, la madre cae al suelo y se hace una herida en la cabeza.
Pasan los años, el padre es redimido, la joven dejó de bailar por ser hija de un contrarrevolucionario y trabaja en una fábrica, donde además pernocta porque la madre la echó de la casa por haber delatado a su progenitor cuando intentó encontrarse con él.
Toda esta historia de horror se relata en un contexto de indigencia material, moral y ética donde los secretarios del partido y otros mequetrefes ideológicos toman las decisiones vitales de los pobladores, a quienes solo les queda obedecer. Comunismo en su máxima expresión.
El giro dramático más importante de este filme memorable del director Zhang Yimou acontece cuando el hombre descubre que su esposa no lo reconoce y lo confunde con un comisario que la había violado durante su ausencia.
La madre, sin embargo, sí tiene memoria para rechazar las acciones deleznables de su hija, quien incluso se dedicó a cortar de los álbumes de fotos familiares la imagen de su padre defenestrado.
El filme después se vuelve una poética historia en las tinieblas porque el hombre hará lo indecible para que el amor de su vida lo vuelva a identificar.
Las democracias se creen aquella historia “de la buena pipa” de que las dictaduras se reforman, lo cual se parece al llamado cuento más corto del mundo, escrito por Augusto Monterroso, donde un hombre duerme y cuando despierta todavía el dinosaurio está allí.
El New York Times acaba de reportar el apresamiento violento de cinco libreros de Hong Kong, llevados a prisiones chinas, sin recursos legales, por publicar obras inconvenientes para la nomenclatura del partido comunista gobernante.
Fueron conminados a autoinculparse de los más ilógicos delitos, delatarse entre sí y confesar que habían entrado voluntariamente a China para poder, eventualmente, ser liberados.
En La Habana, un halcón disfrazado de paloma se ha erigido como el patrocinador del fin de la guerrilla colombiana que su propio gobierno alentó durante años. El dictador que fue torpe y hosco frente a la transparencia desenfada del presidente de los Estados Unidos, en esta oportunidad se movió como pez en el agua apretando manos, y dando por sentado que la paz era para siempre, mientras daba abrazos a sus correligionarios de aventuras y guerrillas.
Mientras esta feria de vanidades ocurría en La Habana, la propia Colombia, Centroamérica, Guyana, Brasil y Ecuador, entre otros países, marcaban la ruta de fuga constante de cubanos rumbo a la frontera entre México y Estados Unidos, creando crisis migratorias incesantes a su paso trastabillado.
Los que huyen despavoridos no ven en un futuro cercano pactos de reconciliación, a la colombiana, entre las partes quebradas de la nación, sino la obcecación por un proyecto fracasado que ahora apunta a una nueva y demorada transformación.
Hay razones para fugarse cuando el nuevo arzobispo de La Habana desea que el socialismo progrese, y a los balseros los reciben con disparos de taser y balas de goma en las costas de la Florida.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de junio de 2016, 3:25 p. m. with the headline "Razones para escapar."