Desde un parque de Coral Gables, Kika llegó a Sagua
Tengo la suerte de vivir cerca de un parque. Un parque que resplandece en verano y germina en una sinfonía de colores. Hoy especialmente se ven los lilas, los amarillos, el blanco, y sobre todo, el naranja de los flamboyanes (sic). Los árboles han explotado de flores todos a la vez al calor de los ciento y pico de grados de este horno que es el verano humidoso de Miami.
Como Kika, mi perra, no perdona el paseo al parque así hierva la atmósfera del mediodía tropical, el domingo me arrastró al verde brillante de la hierba recién nacida luego de los tremendos aguaceros de este junio empapado de lluvias.
A este parque llegan al mediodía a almorzar bajo los árboles, empleados del Publix que está enfrente y asistentes uniformados de azul que trabajan en un edificio de rehabilitación física, oficinas de médicos cercanos, además de estudiantes pequeños y adolescentes de colegios aledaños. Con el tiempo, estos alrededores se han ido transformando y llegando nuevos vecinos y recientes empleados.
Me asombra la cantidad de “cubanos nuevos” que pueblan el parque a la hora del “ángelus”. Jóvenes adultos que trabajan en el Riviera Health Resort y en Publix. Si no son mayoría, son muchos los que se reúnen con sus platos de comida, cubiertos y refrescos a compartir, chismear, comentar de la mañana y conversar por teléfono con sus familares de aquí y de allá.
Hoy fui testigo de una “conversación familiar” por celular bajo la sombra del gazebo, mientras Kika husmeaba los huesos y migajas que dejan los visitantes.
La empleada del supermercado (reconocible por el sello de su blusa) conversaba con su familiar en Sagua (Cuba). Le contaba que este miércoles Merceditas iba para Sagua y les llevaría platos y cubiertos de plástico para que luego que comieran, los botaran “como hacemos aquí”. También le diría todo lo que además Merceditas les llevaría al resto de la familia. Le contaba a Pipo que hoy ellos aquí tendrían un picnic y para ello habían mandado a asar un puerco y comprado dos cajas de cerveza y dos botellas de ron para “la gozadera”.
Lo más singular de la conversación por FaceTime (con imagen de aquí y de allá) fue cuando la muchacha empezó a hablar con Kika y enfocó su celular en ella para enseñársela a Pipo en Sagua. En plena confianza de “cubana antigua” a “cubana nueva” fue cuando intervine en la conversación internacional y le dije a la chica: “Enséñale los flamboyanes (sic) florecidos”. Acto seguido, enfocó el telefonito hacia los árboles del parque y dijo: “Mira, Pipo. Los framboyanes (sic) del parque.”
Miami es ya una sucursal de Cuba, un pueblo más, otro municipio. Y Cuba, un barrio más de Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de junio de 2016, 6:26 p. m. with the headline "Desde un parque de Coral Gables, Kika llegó a Sagua."