Mujeres cubanas en la encrucijada
No hay nada como sumergirse en la Cuba profunda –esa que se resiste a ser tramitada por mercaderes inescrupulosos– de la mano del buen cine. Desde mañana viernes, en el Teatro Tower del Miami Dade College, el público tiene la oportunidad de asomarse a esa verosímil claraboya con la Serie de Cine Cubano Contemporáneo que trae el estreno comercial en los Estados Unidos de tres recientes largometrajes de la legendaria cinematografía.
Dos de las películas están dirigidas por mujeres: Vestido de novia, de Marilyn Solaya, y Espejuelos oscuros, de Jessica Rodríguez. Ambas, curiosamente, protagonizadas por los más perseverantes y talentosos actores del séptimo arte de la isla, Luis Alberto García y Laura de la Uz.
El otro filme, Venecia, de Kiki Alvarez, aborda la vida de tres muchachas contemporáneas, lo cual hace del programa un acercamiento, crudo y desprovisto de edulcoraciones, al universo femenino en toda su complejidad.
Vestido de novia se inspira libremente en un documental de la propia Solaya, En el cuerpo equivocado, sobre Mari Sussel, la primera persona legalmente sometida a una cirugía de reasignación de sexo en Cuba en 1988.
La Sussel de la vida real nunca alcanzó la realización personal a la que aspiraba. La que interpreta Laura de la Uz, sin embargo, se presenta felizmente casada con un profesional de la construcción, a quien ella le ha escondido el secreto del hombre que fue en otra vida.
La historia se desarrolla durante los duros años noventa del llamado “período especial”, donde el matrimonio termina por despeñarse en un estercolero de intrigas y chivaterías políticas entre burócratas corruptos, miembros cómplices del partido comunista y de los sindicatos oficialistas. Rosa Elena trata de luchar contra numerosos imponderables pero tiene el sistema en contra.
El padre desvalido y homofóbico, que cuida con ahínco, la maltrató sin clemencia durante su juventud, y el corrupto funcionario con quien tuviera una relación sentimental antes de cambiarse de sexo, la viola y delata cuando descubre que ya no es parte del morbo que antes lo motivara en la penumbra de la sociedad revolucionaria.
En Venecia, tres jóvenes amigas trabajan en un “salón de belleza” destartalado donde la administradora es una suerte de tirana insufrible. El día del cobro, deciden pasarla bien y recorrerán la noche habanera, hasta el amanecer, con sus luces y sombras.
Una de ellas está embarazada de un hombre casado, otra padece de bulimia y la que ostenta un feliz matrimonio, termina fornicando desesperadamente con un desconocido en el baño sórdido de la discoteca.
Hordas de jóvenes deambulan buscando entretenimientos escapistas que incluyen la bebida y la droga. Caen las agotadas y falsas máscaras ideológicas para mostrar la desesperanza de una generación sin rumbo.
Las “mujeres nuevas” en Cuba quieren consumir, comprarse ropas, lucir bien, aspirar a retribuciones elementales por su trabajo, pero hay muchos obstáculos de un gobierno disfuncional y arrogante que lo impiden sin piedad.
En la escena final de Venecia, la luz de esperanza se avizora en la aventura cuentapropista. Una de las pocas salidas que restan a la incertidumbre.
Espejuelos oscuros, por su parte, es deudora del filme Lucía, de Humberto Solás, con mujeres en distintas etapas de la atribulada historia cubana, y de la Sherezada de Las mil y una noches, impelida a contar cuentos para sobrevivir.
El hogar de la invidente Esperanza es invadido por un delincuente prófugo. Para disuadir sus avances sexuales, le hace las historias que ella misma protagoniza, sobre féminas cubanas, llamadas a lidiar, como destino inevitable, con la intromisión de las sacudidas políticas y sociales en sus decisiones personales y sentimentales.
En el Tower, la visión abismal de varias verdades cubanas.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de julio de 2016, 0:45 p. m. with the headline "Mujeres cubanas en la encrucijada."