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Opinión Sobre Cuba

Más noticias malas para las nuevas ideas en Cuba

El historiador de La Habana, Eusebio Leal, con el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, en un recorrido por La Habana Vieja el año pasado.
El historiador de La Habana, Eusebio Leal, con el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, en un recorrido por La Habana Vieja el año pasado. AP

Muy pocos que no tengan el apellido Castro han sobrevivido tanto tiempo en la alta plana de la revolución cubana como Eusebio Leal. Y él no lo hizo usando los medios convencionales del silencio y la obediencia. Mantuvo la lealtad a los Castro, pero también trajo ideas. Ahora, el imperio comercial dirigido por las fuerzas armadas se ha instalado en La Habana Vieja igual que en todas partes, y Leal parece haber sufrido una derrota táctica.

De forma única entre los líderes cubanos, Leal se ha preocupado por cosas que van más allá de preservar la revolución de los Castro. Se ha mostrado tan fascinado por el pasado de Cuba como por su futuro. Ha recibido numerosos premios culturales extranjeros, pero su estatus en Cuba se debe a que pensó de modo diferente.

En el 2002, la Embajada Británica en La Habana celebró una serie de eventos para conmemorar los 100 años de relaciones diplomáticas entre Cuba y el Reino Unido y que se extendió por dos meses. Entendemos que se trató del festival de este tipo a mayor escala que haya sido celebrado en Cuba por parte de otro país. Leal fue nuestro aliado indispensable en cuanto a sedes, organizaciones, contactos y visión. A veces, la agenda de la revolución salió a la superficie, y él negoció de modo duro. Pero lo que le interesaba de corazón fue la historia de nuestros dos países. Leal llegó incluso a crear un jardín en la Habana Vieja en memoria de la princesa Diana. Y, como historiador, amaba la historia de la toma de La Habana por los ingleses en 1762.

Ahora, el conglomerado militar GAESA asumirá el control empresarial sobre el proyecto de la Habana Vieja tan amado por Leal. La suya ha sido una labor de amor e inventiva. Pero, además, ha dependido de la versatilidad del papel que él ha jugado en el centro de la política revolucionaria. Probó ser un hombre de buen gusto y gran determinación, pero además brilló como un empresario contemporáneo en una Cuba que desprecia el individualismo.

Su versatilidad le fue muy útil. Apenas un adolescente en el momento del triunfo de la revolución, se propuso probar que la innovación y el amor de la cultura y la elegancia del pasado podían coexistir con la nueva era. El admiraba a Fidel, intelectual como él, y –lo cual no fue un accidente –fue escogido por la prensa oficial cubana para hacer el elogio de su viejo amigo una vez más en el 90 cumpleaños del mismo. De manera típica, la revolución estaba forzando una declaración de lealtad de parte de un hombre que se sentía extremadamente descontento.

Los tiempos están cambiando en Cuba, y la eliminación del control de Leal tiene implicaciones que van más allá de ese simple hecho. Puede que él no sea muy conocido fuera de Cuba, y que esté teniendo problemas de salud. Pero su proyecto demostró que sabía que los Castro nunca permitirían que el crecimiento del sector privado se ocupara de restaurar el área mayor de arquitectura colonial española del hemisferio occidental.

Su única opción fue conseguir fondos de parte de turistas e inversionistas extranjeros. Todavía hay mucho que hacer, pero la avalancha actual de turistas a Cuba debe mucho a sus logros.

El destino de Leal no es nada nuevo. En el contexto de los 57 años de la revolución cubana, muchos líderes capaces y leales a la misma han sido descartados. Felipe Pérez Roque, Carlos Lage y Roberto Robaina son ejemplos recientes. Pero Leal había sobrevivido, y parecía estar ganando en estatus bajo Raúl. Su recorrido a pie por la Habana Vieja con Obama recibió publicidad a nivel mundial.

Es posible que la cordialidad de Leal con el presidente de EEUU haya molestado a los Castro. La desintegración de Venezuela y la pérdida de sus subsidios bajo Nicolás Maduro dio a las empresas militares la apertura que necesitaban para lanzarse sobre la Habana Vieja. Ahora, el yerno de Raúl Castro será el gallo en ese gallinero, y barcos cruceros operados por Estados Unidos ocuparán pronto muchos muelles en la Bahía de La Habana.

Pero tal vez la lección más triste de la marginalización de Leal es la señal que envía a los innovadores cubanos y a los inversionistas extranjeros. La restauración de la revolución sigue siendo más importante que las joyas arquitectónicas de épocas pasadas. Casi al mismo tiempo que la destitución de Leal, un personaje mucho menos visionario pero totalmente incondicional, Ricardo Cabrisas, fue promovido. Estos son tiempos verdaderamente deprimentes para los cubanos con esperanzas de que haya algo más de nuevas ideas y algo menos de lo mismo de siempre.

Ex embajador británico en Cuba, y en la actualidad es conferencista principal de la Escuela de Estudios Globales Frederick S. Pardee en la Universidad de Boston.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de agosto de 2016 a las 11:54 a. m. con el titular "Más noticias malas para las nuevas ideas en Cuba."

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