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Opinión Sobre Venezuela

El Papa Negro de Venezuela

Arturo Sosa Abascal
Arturo Sosa Abascal

Jocosamente apodan “Papa Negro” al Superior General de los Jesuitas. Recientemente ha surgido uno nuevo, pero no como indica el profesor Carlos Raúl Hernández en un artículo publicado aquí el pasado 26 de octubre [ver Trasfondo, El Papa Negro, 26 de octubre].

Dice bien el autor al señalar que el Papa Francisco designó cardenal al arzobispo venezolano Baltasar Porras. Pero yerra al escribir que también designó a otro venezolano, P. Arturo Sosa, General de los Jesuitas.

Los Papas no nombran a los superiores de las Órdenes Religiosas. Son los mismos religiosos quienes los eligen en unas asambleas que unos llaman Capítulos y otros, como los Jesuitas, llaman Congregaciones Generales.

Durante el mes de octubre se han reunido en Roma doscientos quince padres y hermanos jesuitas procedentes de sus circunscripciones o provincias para elegir nuevo Superior General y estudiar asuntos internos del instituto religioso. Se llega a la elección tras un proceso análogo al del cónclave que elige “Papa Blanco”. No hay candidatos ni campañas a favor o en contra de nadie. Se desarrollan las votaciones en clima de oración y silencio; sólo se permite consultar privadamente a quienes conozcan mejor al que se tenga en mente como idóneo para el cargo.

La Compañía de Jesús fue aprobada por el Papa Paolo III en 1540 y siempre ha sido libre para elegir a los sucesores de San Ignacio de Loyola. En su plurisecular historia sólo hubo una clara interferencia papal. Sucedió en 1573 al morir el tercer sucesor de San Ignacio, San Francisco de Borja. El Papa Gregorio XIII sugirió que el siguiente Superior no fuese español; parece que quería bloquear la elección del P. Juan Alfonso Polanco por sus raíces judías. Sea como fuera, el Papa dejó caer esta sugerencia: “Hay muchos jesuitas no españoles con cualidades para el cargo, como por ejemplo, el P. Everard Mercurian”. Eso bastó para que los congregados siguiesen la preferencia papal, que por otra parte era una buena opción.

Más de un siglo después, año 1687, el Beato Inocencio XI dio a entender, sin mencionarlo por el nombre, quién sería un buen sucesor del fallecido P. De Noyelle. Fue así como el P. Tirso González salió elegido. El Papa simpatizaba con él por sus escritos probabilioristas de Teología Moral.

Más recientemente, cuando el Superior General Nº 28, P. Pedro Arrupe, se enfermó, el Papa San Juan Pablo II asumió interinamente el gobierno de los jesuitas mediante un delegado, P. Paolo Dezza, pero no influyó en la elección del nuevo Prepósito General, P. Kolvenvach, año 1983.

Como el profesor Hernández menciona en su artículo a la Teología de la Liberación, conviene aclarar que no se trata de un concepto unívoco. La Iglesia ha censurado algunas corrientes de ese pensamiento por su afinidad con el marxismo. Pero hay otras formulaciones de la Teología de la Liberación en perfecta armonía con el mensaje de Cristo. El recién elegido P. Arturo Sosa de ningún modo puede ser asociado a revolucionarios en la línea del célebre cura armado, Camilo Torres.

Los jesuitas han escogido como nuevo líder a un sacerdote eminentemente religioso, no a un político o sociólogo. El P. Sosa dejará muy en alto el nombre de Venezuela al ejercer su misión con esa competencia y efectividad que sólo viene de la profunda unión con Dios y con la Iglesia.

Sacerdote jesuita.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de octubre de 2016, 4:35 a. m. with the headline "El Papa Negro de Venezuela."

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