Una conversación con papá
He llamado a mi padre a su casa en Caracas, Venezuela, para saber sus impresiones sobre el llamado “madurazo”, que hace referencia a la sentencia del Tribunal Supremo Judicial de ese país que deja sin competencia a la Asamblea Nacional, liderada por la oposición tras ganar las elecciones parlamentarias del 2015. Mi papá me atiende con su característico cariño. “Hijo, estamos mal, pareciera que ahora solo nos queda pasar a la resistencia”.
Sostengo una relación de inmensa confianza con mi papá. Jamás nos hemos ocultado nada, siempre nos hemos hablado mirándonos a los ojos. Por eso, en la conversación telefónica, le hago el siguiente planteamiento: “Papa, ¿tu no crees que ha llegado el momento de cuestionar si esa oposición venezolana, ha hecho las cosas bien? Este golpe es duro, un auténtico mazazo, ¿pero no crees que deberíamos hacer un recuento de todo lo que nosotros, los ciudadanos, hemos hecho por la oposición y el poquísimo éxito que ellos nos han conseguido o devuelto?”.
“Boris, eso sería darle la razón al régimen”, pronunció mi padre. Pero, insistí, ¿has hecho el recuento de todas las cosas que nosotros, los ciudadanos que somos contrarios al chavismo, hemos hecho por la oposición y como, vez tras vez, lo que obtenemos es fracaso, humillación, empeoramiento? Hambre, incluso.
En la conversación con mi padre, solo puedo enumerar fracasos en la gestión de la oposición contra los gobiernos de Chávez y de Maduro. Sin ir más lejos, ganaron las elecciones parlamentarias en el 2015, al Estado le tomó horas reconocerlas pero fue una victoria otorgada por los votos de los ciudadanos que finalmente consiguieron hacer palpable su malestar e incomodidad con el régimen. ¿Qué pasó? Al día siguiente, el nuevo presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, mandó a quitar todas las imágenes de Hugo Chávez y es verdad que no puso la suya pero el gesto fue igual de caudillista que el haber instaurado esas imágenes en primer lugar. De inmediato empezó el baile de posibles candidatos dentro de la Mesa de Unidad, el partido que había ganado esas elecciones, para postularse como futuro presidente de la República, como si ese objetivo fuera la auténtica razón por la que consiguieron hacerse con la jefatura de esa Asamblea. El típico “quítate tú para ponerme yo”, al que precisamente nos habían acostumbrado los antiguos dirigentes de los partidos que fueron responsables de los gobiernos previos a Hugo Chávez. Y que generaron el nivel de corrupción y desorden político que justamente fomentó que un entonces teniente general, Hugo Chávez Frías, diera un fallido golpe de estado en 1992.
Mi papá me interrumpe. “Boris, pero demonizar a la oposición, nos dejará todavía más sumidos en el caos porque tendríamos que asumir algo tan difícil como que la oposición no estuvo a la altura”. Papá, le dije, es que no lo ha estado. Ha contado con todo, con la voz, presencia y participación de miles de ciudadanos, que hemos acudido a las manifestaciones, hemos refrendado los referéndums, hemos consignado firmas, hemos dado la cara y miles, millones que les han votado. La respuesta de ellos ha sido establecer un diálogo con intermediarios a los que ahora quieren demonizar, como a Zapatero y olvidándose que metieron al Vaticano que cuando llegó a ese infierno, se salió. Por todo eso, papá, tenemos que pedirles cuentas a la oposición. ¿Por qué todo les sale mal?
“Tienes algo de razón”, concedió papá. Me despedí pero la línea se mantuvo abierta. Y le escuché decirle a mi hermano: “Era Boris. No entendí la mitad de lo que decía”.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de marzo de 2017, 3:45 p. m. with the headline "Una conversación con papá."