¡Fuerza Venezuela!
Al momento de escribir esta columna el pueblo de Venezuela sigue en la calle, manifestándose contra el régimen que en más o menos una década ha logrado lo imposible: conducir a la pobreza a un país rico, convertir en violento a un pueblo pacífico. Contra viento y marea, y contra las balas de la cobarde policía y ejército que ataca y disparan contra sus propios compatriotas que juraron defender, la gente sigue en la calle, porque su desespero ya es más grande que la vida misma, porque en su país no hay futuro.
Desde este rincón del planeta, les quiero transmitir toda mi admiración a los líderes de la oposición y a todos esos valientes que están en la calle arriesgándolo todo en nombre de la libertad. Ojalá sigan adelante. Ojalá no paren. La única forma de que esta pesadilla termine es que el gobierno delincuente que se tomó el poder, caiga. Ya se ha demostrado que el diálogo es una simple herramienta que Maduro y sus compinches utilizan para ganar tiempo, para distraer la atención, para mantenerse arriba sin que nada pase, mientras torturan a héroes de la nación como Leopoldo López.
Yo no sé si en la patria de Bolívar queda un general decente. Un comandante al que su pueblo le duela más que sus intereses privados y su bolsillo. Un oficial que no esté ligado a la mafia de su gobierno. Pero si lo hay, si queda, y estoy seguro que tiene que haberlo, la historia los está llamando. Escuchen su grito desesperado en las voces de un pueblo que no resiste más el desmoronamiento de esa tierra que ama, pues es su hogar.
Sí, sé que hoy escribo desde la emoción. Pero con qué más se puede ya, cuando la lógica y la razón hace tanto que partieron de las mentes enfermas que conforman ese gobierno de criminales como Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. ¿Qué más queda ya sino la emoción, cuando te cortan todos los dedos de la democracia? Cuando te roban las elecciones, cuando te asaltan el poder legislativo y el judicial es una farsa. Cuando la prensa libre hace mucho dejó de serlo, gracias a la encarnizada persecución de un Chávez que primero los demonizó, después los persiguió y al final los cerró descaradamente.
No recuerdo en mi memoria una ocasión en la que tanto valiente desarmado se enfrentara a tanto cobarde armado. Lo que sucede en las calles de Caracas y demás ciudades de la alegre Venezuela, es el equivalente a esa imagen de un solo hombre de pie contra una línea de tanques de guerra. Lo humano contra las máquinas de guerra. Lo humano contra la represión.
¿Cómo llega un país a esto? ¿Cómo se puede evitar? ¿Se trata de que haya instituciones sólidas o de que haya hombres sólidos sosteniendo las instituciones? ¿Sostienen las Constituciones a los hombres o son los hombres los que sostienen a las Constituciones?
Timothy Snider, profesor de historia de la Universidad de Yale y autor del libro On Tyranny: Twenty lessons from the Twentieth Century, sugiere que todos debemos salvar a las instituciones, que éstas no se salvan por sí mismas y, parafraseando al discurso inaugural del presidente Kennedy, que en los momentos más difíciles “no nos preguntemos qué pueden hacer las instituciones por nosotros, sino que podemos hacer nosotros por las instituciones”.
Luchar por la libertad en todas sus formas siempre va a ser una tarea de titanes. Pido por que el destino acompañe para bien a esos cientos de miles, sino millones, de titanes que hoy se enfrentan a lo imposible en Venezuela.
Yo creo que podrán.
¡Fuerza Venezuela!
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de abril de 2017, 4:44 p. m. with the headline "¡Fuerza Venezuela!."